Cecilia Bona

@porqueleerok

La lectura en redes sociales:
la oportunidad para los libros

Resumen

La tensión entre la lectura y las pantallas es lógica desde el punto de vista del avance tecnológico. La convivencia con un teléfono inteligente cuyo poder de atracción ocupa el tiempo y el espacio que solían ocupar los libros, es la práctica dominante. Para las mediadoras y los mediadores de lectura estos dispositivos pueden ser una amenaza, pero si cambiamos ese punto de vista para adoptarlos como una oportunidad, la lectura está en condiciones de disputar más que nunca la atención de las personas.

Palabras clave

Redes sociales, Comunicación digital, Comunicación de la lectura, Tecnología, Mediadores.

¿Qué lugar tienen el libro y la lectura en un mundo mediado por pantallas? ¿Es mejor olvidar que alguna vez existimos sin smartphones? ¿Quieren estos dispositivos (y sus creadores) volvernos personas adictas y dominarnos –atraparnos– en sus redes? ¿Leer ya fue?

Llegué a las historias (escritas y oídas) de la mano de mi mamá. Ella fue mi primera mediadora. Se tomaba muy en serio el momento de lectura: preparaba el espacio, sentaba a sus hijas e hijo alrededor (dependiendo el momento éramos tres, cuatro, cinco o seis… familia numerosa, que le dicen), elegía el ejemplar y empezaba a contar.

A mí me encantaba ese momento compartido. Su voz le daba marco a mi imaginación. Cuando supe leer seguía disfrutando de la reunión literaria, e iba siguiendo el texto con la mirada mientras mi mamá hacía su despliegue vocal. Así descubrí que no siempre lo que ella decía era lo que decían las letras… pero esa es otra anécdota.

Hace no muchos años, mi madre me contó que a veces dejaba los cuentos sin terminar. A propósito, claro. Aunque me considero memoriosa ante todo, no había registrado ese hecho. Me dijo que cortaba justo cuando se planteaba el nudo, cerraba el libro con cualquier excusa (preparar la leche, salir a hacer mandados), pero lo dejaba a mano y espiaba a ver qué pasaba. En su relato, Ceci-niña no aguanta la pausa y ataca el ejemplar para finalizar la cosa por su cuenta.

Invitar. Tentar. Generar deseo. Proponer autonomía. Los libros y sus poderes. Los mediadores y sus estrategias.

Soy lectora desde entonces. Y también mediadora, porque repetí el gesto de leer a otros y crear historias para con mis hermanas y hermano menores. Juan, Mili, Viqui y yo fuimos inmortalizados en una foto en la que los cuatro (Viqui todavía con chupete) estamos sentados en mi cama compartiendo una historia de las que venían por entregas en la revista Anteojito. La foto apareció en la pandemia de COVID-19, en una de las tantas tareas de orden que el tiempo de encierro proponía. Yo ya hacía “Por qué leer” (proyecto que empecé en 2018), y verme en esa actitud de cuento me emocionó y me empoderó.

Compartir. Imitar. Aprender cómo. Hacer partícipes a los demás. La comunicación como ruta para el encuentro.

Dejo en remojo la historia con los libros y voy unos años para adelante: ya soy periodista, trabajo en la radio, mi sueño hecho realidad. Durante mi formación, había aprendido a dominar el arte de la palabra (conocer un hecho, investigarlo, consultar fuentes, recurrir al archivo, redactarlo, expresarlo) para dar noticias. Y eso hacía. El rol de la audiencia se reducía al de recibir lo dicho por las y los periodistas. De vez en cuando, sus opiniones eran requeridas: pedíamos que dejaran audios en el contestador o mandaran mails al correo del programa. Algunas y algunos oyentes hasta escribían cartas. Pero sus participaciones estaban controladas.

Cuando en diciembre de 2017, tras un año de hacer una columna literaria en la radio, me comunicaron que ese segmento no seguiría, me animé a crear un medio de comunicación nuevo enfocado en los libros (post duelo por el espacio perdido, desde ya). Se llamaría “Por qué leer”, con la intención de brindar argumentos que incentivaran al público a buscar las lecturas recomendadas.

Como diseñar un sitio web no estaba a mi alcance, me volqué a las redes sociales. Subí algunos posteos a Instagram y empecé a grabar videos para cumplir mi sueño audiovisual ya frustrado en un proyecto anterior. En ese momento exacto empezó la experiencia devenida aprendizaje. Es que las usuarias y los usuarios no asumían un rol pasivo cuando entraban a la red, sino que deseaban, sobre todo, interactuar, formar parte (más o menos activa) de una comunidad. Mi lugar era, por tanto, distinto al que había ejercido hasta entonces. Ahora podía encender el fuego virtual para que, alrededor de esa llama, lectores de todo el mundo pudieran enriquecer sus lecturas en diálogo con otros.

La misma “llama presencial” que encendía mi mamá para nosotros, y después yo, para mis hermanas y hermano menores.

El poder de las redes sociales
o cómo apoderarnos de ellas

Las agencias We are social y Meltwater registran en su reporte de febrero de 2025 que hay 5.240 millones de usuarias y usuarios de redes sociales en todo el mundo;1 296 millones en Sudamérica; 32,2 millones en Argentina (el 70,3 por ciento de la población). No creo equivocarme si aseguro que quienes están leyendo este Anuario sobre Bibliotecas, Archivos y Museos Escolares son parte activa de ese número apabullante.

Entonces, voy con mi parte favorita: las preguntas. ¿Qué hacen ustedes en las redes? ¿Tienen un usuario personal y otro para la institución en la que participan? ¿Les gusta crear contenido? ¿Prefieren consumir el de otras y otros? ¿Les frustra no conseguir el propósito soñado? ¿Se sienten responsables por no sumar seguidores, likes, comentarios (¡o cualquier interacción!, ¿hay alguien ahí, por favor?) en sus perfiles? ¿Cada cuánto tiempo se preguntan si no sería mejor cerrar las cuentas porque las redes no son lo suyo?

¿Y si mejor resignificamos los conceptos y le damos una vuelta al asunto? Vamos despacio y con calma.

Partimos de una buena base: los libros son espectaculares y la lectura es una experiencia inigualable. La pasamos tan bien leyendo (y dando de leer) que solemos hablar del tema más allá de las horas de trabajo. Los libros son nuestros compañeros de vida y leer es nuestro modo de habitar el mundo.

Pero como dice María Teresa Andruetto:

Para que un libro sea para un chico o un adulto, no un objeto inerte, sino ese artefacto que interroga/que interpela/que ahonda en nuestra viva condición, debe ese chico o ese adulto convertirse en lector. Y ahí, donde hay un lector, hubo antes otros lectores, una familia, un maestro, un bibliotecario, una escuela, un otro o unos otros que tendieron puentes. A la construcción de esos puentes y a la calidad de esos puentes, deben ir nuestros esfuerzos (2014, p. 28).

¿Se imaginan qué potentes pueden ser las pantallas para crear esos puentes de los que habla María Teresa?

Aquello de ser mediadores, leerles a los demás, presentarles material disruptivo, acercar opciones de lectura para una efeméride, contar quiénes somos a partir de nuestros libros favoritos, etc. (infinitos etcéteras, en verdad) cobra una dimensión digital desde la existencia de las redes sociales. No se trata de trabajar en ellas para volvernos influencers (a menos que quieran, por supuesto), sino de conocer sus lenguajes y dialectos y usarlas a nuestro favor.

Entonces: ¿podemos crear una comunidad online que esté atenta a las propuestas, que interactúe con la biblioteca y se tiente con un libro de la misma manera que lo hace offline? Podemos, claramente, pero no con los mismos recursos, sino asumiendo que hay otros moldes en los que verter nuestro mensaje. Saber quiénes somos y a quiénes les hablamos, entender que hay un público objetivo y un público potencial y que no es lo mismo subir fotos, que reels o estar en TikTok que en YouTube... Líneas atrás usé el verbo “trabajar” y, en efecto, eso es lo que hacemos en las redes sociales cuando nuestro objetivo es aprovecharlas para comunicar la tarea de nuestra institución: las usamos de vidriera para mostrar nuestro acervo y contar nuestras propuestas.

Las usuarias y los usuarios “caminan” por la “calle” digital. Nos guste más o menos el lugar y el tiempo que ocupan las pantallas, ellas y ellos (como nosotras y nosotros) ya están ahí. Para mejor, se han acostumbrado al llamado a formar parte de comunidades. Y de pronto, las y los tentamos con libros.

Ocupar el espacio virtual con una propuesta de lectura, es una manera de disputarle la atención a otros consumos. Además, estaremos contribuyendo a un movimiento revolucionario en estos tiempos: que las personas salgan de las pantallas y vayan al encuentro de un libro, tal vez el primero de muchos o el primero después de mucho tiempo.

Es que las usuarias y los usuarios antes de ser perfiles somos personas. Tenemos historias –como la mía, como las de ustedes– que nos constituyen, nos acercan, nos emocionan, nos entusiasman, nos inspiran. Tomemos las herramientas que este presente nos ofrece y hagamos alianzas entre la tecnología y los libros.

Fuente

Andruetto, M. T. (2014). La lectura, otra revolución. Fondo de Cultura Económica.


  1. 1 Véase: https://datareportal.com/reports/digital-2025-local-country-headlines?utm_source=Global_Digital_Reports&utm_medium=Report&utm_campaign=Digital_2025&utm_content=Report_Promo

Anuario sobre Bibliotecas, Archivos y Museos Escolares, Volumen 5, 2025
Cecilia Bona
La lectura en redes sociales: la oportunidad para los libros | pp. a 217