Programa Integral de Bibliotecas ,
Centro de Documentación e Información Educativa (CENDIE)
Dirección General de Cultura y Educación
La presente entrevista surge luego de conocer a la bibliotecaria Nancy Centeno de la Escuela Secundaria n° 23 de la localidad de Gregorio de Laferrere en el partido de La Matanza, en el marco del acto de imposición del nombre de la biblioteca a partir del desarrollo del proyecto “Un nombre, una identidad” que se ha impulsado desde el CENDIE, en relación con la Resolución n° 451/23 y por el cual la biblioteca adquiere el nombre de “Irene Bernasconi”. Nancy Centeno celebra los cuarenta años de la biblioteca junto a sus cuarenta años como bibliotecaria de la misma. Fundadora del cargo y del espacio en esa institución recupera recuerdos que construyen su trayectoria profesional y dan cuenta del trabajo de la comunidad de Laferrere en el sostenimiento de una biblioteca abierta y puesta al servicio de todas y todos.
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Jesica Abigail Ortiz (JOA): La primera vez que nos reunimos y me comentaste tu intención de realizar el proyecto de imposición de nombre a la biblioteca, conversamos inicialmente sobre tu biografía profesional en ese espacio.
Tu paso por una misma biblioteca durante tantos años, es algo que no me deja de sorprender.
Nancy Centeno (NC): (se ríe). Acá en este lugar había una usina eléctrica y Aída, la Directora, de alguna manera fue desplazándola con la idea de poner una escuela. Era una persona muy especial. Además de imponente con su presencia, era dedicada con la comunidad de “Laferrer”.1
Lo que hoy es la Escuela Secundaria n° 23 se creó en 1966. Comenzó como una escuela profesional con distintos oficios como peluquería, hojalatería, mecánica, cocina y redes de TV. En los años 1976-1977 cambia de denominación y pasa a ser Escuela Técnica n° 9. En 1977 empiezo a venir como alumna, pero en 1986 vuelve a cambiar convirtiéndose en la Media n° 23 y luego pasa a ser Secundaria n° 23.
JOA: ¡Qué increíble cómo se configuran las escuelas!
NC: Es increíble, más aún porque que en ese momento, la mayoría de los docentes que están jubilados hoy, salían con el título secundario y llegaron a jubilarse porque no había profesorados; con el Magisterio ya estaban habilitados para ser hasta directores, entonces así se fueron formando las primeras generaciones de nuestros profesores.
Ciertamente era así, la historia educativa de nuestro país nos muestra que si bien fue Domingo Faustino Sarmiento quien puso la piedra basal en relación a la formación docente, primero con la creación de las Escuelas Normales y luego los profesorados nacionales con el objetivo de formar docentes de nivel medio, el proceso fue extenso, con muchos cambios y vaivenes que nos encuentra hacia mediados de 1970 con una población docente que no cuenta con un título específico para ese nivel educativo porque es en 1970 cuando se terceriza la formación docente de maestras y maestros de primaria a través de los profesorados. No decimos que no había instituciones que ya formaban docentes para el Nivel Secundario, había, pero no accesibles para todas y todos, en La Plata, en CABA y en Rosario, la distancia suele ser un factor determinante aun en día en cuanto a limitaciones de acceso. Para hablar de la formación docente en nuestra región educativa, no puede dejar de mencionarse la creación del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica nº 46 en Ramos Mejía a principios de 1981.2
JAO: ¿Cómo fue tu llegada a la escuela como bibliotecaria?
NC: Ingresé a trabajar un primero de junio del año 1983. En ese momento las inscripciones se hacían en cada una de las escuelas, siendo alumna de la escuela tenía una profesora que daba la materia Educación para la Salud y siempre fomentaba: “chicos sigan estudiando”, “acá se van a poder anotar como preceptor, además se está por crear el cargo de bibliotecaria que la escuela no tiene”. Ella me dijo “¡anotate!” y me anoté… para junio, con 19 años, ya estaba trabajando.3 En ese momento era una escuela muy precaria, no tenía prácticamente edificio, no había salida al patio, salíamos por un pasillo con muchas complicaciones. En el medio del patio había un pequeño armario con algunos libros, ese iba a ser el espacio destinado para la biblioteca.
JAB: ¿Vos ingresás a trabajar como bibliotecaria en la escuela pero no había biblioteca?
NC: Claro, pero había un supuesto espacio destinado para eso. Al no tener biblioteca yo empiezo a trabajar como preceptora y trabajaba en Secretaría, mientras se juntaba una cantidad de libros, me pedían mil volúmenes para tener el cargo, había que pasar por los cursos a informar que necesitábamos libros. También pedimos a los profesores y a las editoriales. Se fueron haciendo distintas cosas como, por ejemplo, bingo, lotería familiar, bodegas de teatro, encuentros de cuentos, poesía. Todo lo que se juntaba era para comprar las estanterías.
JAO: ¿Y dónde guardabas lo que juntabas?
NC: Los metía en ese cuartito. Con la ampliación de los baños de planta baja, uno de los baños de planta alta quedó en desuso ya que faltaba la instalación de agua y ese espacio se destinó para la biblioteca. No era el ideal porque era un espacio en “L” nada productivo, nada colorido y pequeño, pero había un lugar y así empezamos.
En esa época, solamente tenía el título de Bachiller pedagógico, la Directora me dice “mirá, vas a tener que empezar un cursito… algo relacionado con la biblioteca”, pero la información sobre carrera de Bibliotecología era de boca a boca, me pasaron algunos lugares para estudiar, así que hacía cursos de poca carga horaria mientras cursaba el Magisterio en el Almafuerte,4 y me recibí de maestra.
Todavía por desconocimiento, incluso entre docentes se suele hablar de la carrera de bibliotecario como un “cursito”. Al igual que la formación docente, hubo un camino recorrido en la construcción de lo que significa nuestro rol, y en particular la importancia que tiene hoy en día habitando las escuelas. Durante el primer gobierno peronista es donde se comienza a dar relevancia al trabajo del bibliotecario por su relación en cuanto a sus funciones, a su cercanía con el saber y la disponibilidad del conocimiento al servicio de docentes y estudiantes, en esta idea de considerar el paralelismo entre el trabajo docente y el bibliotecario escolar. Las distintas normativas que comenzaron a gestarse, en este período político, apuntaron a pensar la imagen del bibliotecario como guía propicio para encaminar a los estudiantes hacia la lectura y el saber.
JAO: La inscripción por escuela era legal, pero ¿figurabas como titular, como suplente?, porque el cargo no estaba creado todavía, ¿o sí?
NC: No, siempre fui bibliotecaria provisional porque el cargo se crea conmigo, por eso tenía que juntar la cantidad de libros que me pedían para la aprobación del cargo. Empecé la carrera de bibliotecaria semipresencial en Bellavista en el Instituto n° 46.
JAO: ¿Vos imaginaste que ibas a estar tantos años en el cargo?
NC: Nunca imaginé que iban a ser tantos años, tenía 19 años cuando empecé y había profesores míos de secundario que decían “25 años tengo que trabajar”,
y yo decía !cuántos años que son! ¡me falta un montón! yo recién empezaba.
Pero a mí se me hizo muy llevadero porque al ser la fundadora de la biblioteca me sentí privilegiada, hice las cosas con ilusión y por eso creo que me fui quedando, porque era mi paraíso y siempre tenía el respaldo de la directora para cualquier proyecto que quería hacer porque pensaba como ella, “para la escuela, todo lo que hay que hacer es para nuestros chicos”, decía Aida…
JAO: El espacio físico donde estás ahora, ¿cuándo lo pudiste conseguir?
NC: Pasé del baño de los varones a una preceptoría, porque se decidió darle función a ese baño, cargué todo y acá ya me quedé… le puse raíces, dije “¡de acá no me mueve nadie!”, porque mi idea era que la biblioteca fuera funcional y estuviera en planta baja y en la entrada de la escuela, porque la biblioteca es el corazón de la escuela, así lo entendí, y empecé a trabajar poniéndole estanterías con cada una de las personas que me acompañó. Me ayudaron a armar las estanterías, a correr muebles… hoy de punta a punta tengo libros, todo eso lo hicieron los distintos profesores que trabajaron conmigo, todo el mundo que pasó por acá. A través del Consejo Escolar pedíamos armarios, bancos y sillas. En esos armarios mi idea era poner los libros de lectura, todo lo que sea texto lo había pensado en las estanterías.
JAO: ¿Cuáles fueron los cambios que considerás significativos para darle visibilidad a todo el trabajo que venías realizando desde la biblioteca?
NC: El acompañamiento de los profes, de los alumnos que me ayudaron a apuntar los primeros volúmenes, hoy la biblioteca existe porque tiene cantidad de volúmenes y se puede trabajar, porque si no tenemos material nuestro cargo no existe, el mayor empuje me lo dieron ellos. Después fueron apareciendo donaciones a través de las editoriales, yo creo que eso le dio mucha visibilidad e importancia, y hoy tenemos lo que tenemos porque la gente marcó una diferencia sabiendo que hay alguien que cuida el material y presta un servicio. Trabajé poniendo tizas y un pizarrón de esos grandes que ya no se usaban más, pensando en ofrecer un buen servicio, que la biblioteca sea para el que lo necesite, incluso una charla que se hizo ahora con este proyecto del aliviador del Arroyo Ripuy, porque no tenemos otro espacio tan amplio en planta baja.
Cuando se liberó un laboratorio que teníamos pegadito a lo que es la Sala de Lectura hoy, con mi compañero Alberto presionamos para ampliar la biblioteca porque no teníamos Sala de Lectura, nuestra directora apoyó la idea. El presidente del Consejo Escolar me prometió ampliar un poquito más la biblioteca, me dijo “vamos a sacar una parte de la galería para que forme parte de la biblioteca”, y yo pensé que iba a quedar en palabras nada más. Y al año siguiente, en el 2017, viene a levantar pared, no lo podía creer, así que tuve la oportunidad de lograr cada proyecto que me propuse, y el más importante que tuve en el año 2023 fue terminar con el proyecto de imposición del nombre de la biblioteca, y trabajar lo del nombre de la escuela y otorgarle la Resolución Ministerial que se dio también a fin de año. Me voy más que satisfecha.
JAO: En todos estos años, cambiaron las comunidades, en general ¿cuáles fueron los desafíos que te encontraste como bibliotecaria?
NC: Las primeras comunidades eran quizás más autónomas, independientes y ya venían con esa formación de sus profes desde el aula, luego con los años tuve que empezar a trabajar la formación del usuario, decirles “mirá, esa es la editorial, acá tenemos el título, hay que buscar información por el índice”, porque los chicos al estar tan acostumbrados a googlear todo, el índice no lo manejan, no lo leen, ¡quieren todo ya! El uso de nuestra memoria era funcional a la época, no había la tecnología de hoy en día, estábamos muy limitados a lo que era trabajar con el material físico, ver el libro, leer el índice te ayudaba a pensar y a relacionar, pero los chicos de esta época no conocen eso y creo que pasa todo esto por lo que es la rapidez y el dato instantáneo. Y después llegó la pandemia de COVID-19…trabajar con el Classroom y Zoom eran nombres que no sabíamos que existían, sin embargo, fuimos capitalizando, entendiendo que había que apoyarse en esas herramientas y con el tiempo se instalaron. Fue duro, y cuando se fue retirando la pandemia, que empezaron a volver a las aulas se trabajó con la cuarentena de los libros pero al trabajar por burbujas, para mí no fue difícil, lo manejé bien.
JAO: ¿Cómo recordás que era el rol del bibliotecario en los años 80, y cómo funcionaba la biblioteca?
NC: Siempre, lo que prioricé, es tener material para trabajar y con estantería abierta, no soy una bibliotecaria que no permite que los chicos recorran la biblioteca, si bien nunca recorrí bibliotecas, pasé por bibliotecas cuando empecé a hacer la carrera, iba a bibliotecas especializadas. Entrabas y pedías el material en el mostrador, no te permitían recorrerla, entonces me dije, yo no quiero ser dueña de todo esto, esto es de los chicos, entonces formé un usuario que pudiera ir a buscar al Sector de Referencia lo que quiera, que supiera que después lo tenía que guardar en su lugar, que se sintiera cómodo, porque así capturaba un futuro lector que viniera a preguntar “estoy buscando Edgar Allan Poe”, “¿tiene algún otro que me pueda sugerir?”. El mostrador les mata la curiosidad, porque si no tienen acceso directo como para recorrer y tocar, es como que no funciona.
Cuando vienen los chicos de los primeros años, les hago una visita a la biblioteca, primero para que vean cómo está, les hago ver qué dedicación hay en cada libro que uno prepara, para que los usuarios lo puedan leer y les digo “cuando se los llevan a la casa, los tienen que traer en las mismas condiciones, porque este libro va a ser leído por muchas personas, y si ustedes no lo cuidan, no podemos reponer un libro y quiero que ustedes me acompañen en mantener este servicio, porque todo lo que hago es para ustedes”.
JAO: Y en términos de mejoras, dentro de lo complejo que fueron estos 40 años, ¿qué cosas positivas rescatás?
NC: El personal de la escuela que siempre está predispuesto a ayudar a los chicos, mucha calidad humana hay acá, Aída hizo de esta escuela una familia. A mí me acompañó mucha gente en miles de proyectos, y yo miro hacia atrás y digo ¿cuántas cosas hice y no registré mucho de mi trabajo? Confieso, me encantó, lo disfruté porque me lo llevo acá en el corazón. Fue una época maravillosa, porque tengo tan lindos recuerdos, por eso estoy agradecida de todo lo que me dio la escuela…es impagable.
En el 2019 inicié los trámites para la jubilación, pero en el 2020 apareció la pandemia de COVID-19, y en mitad del 2022 volví a retomar esos trámites de mi jubilación. Me encuentro con el 2023, y digo, la biblioteca cumple 40 años, y me empecé a dar cuenta, ella –haciendo referencia a Aida la Directora– y Dios…me retuvieron porque quería que haga algo, porque de toda la camada de mis compañeros ya se fueron todos, y yo era la única que estaba quedando.
JAO: ¿Alguna anécdota que te haya marcado de trabajar con los chicos?
NC: Haber trabajado con Orientación Vocacional, llevar a los chicos a hacer visitas a la Universidad de La Matanza, eso les sirvió de estímulo como para que vengan entusiasmados, investiguen, pregunten, hablen con los profesores de la materia que les ha interesado para ser futuros profesores.
Hay profesores que son exalumnos, algunos están como preceptores, se han tomado cargos, y se acuerdan, me dicen “¡todavía está!”, “yo soy profesora de tal materia”, que ellos te puedan identificar quiere decir que uno no ha pasado de largo por la escuela. Siempre trabajé generando talleres para hacer música, algunos empezaron a cantar; me interesó armar un taller para que tuviéramos el coro de la escuela. Siempre tuve grupos que me ayudaron como en la celebración de imposición del nombre de la biblioteca, yo sola no puedo hacer nada.
JAO: Siempre está el comentario entre las bibliotecarias y los bibliotecarios, “no hay tiempo para los Procesos Técnicos”, ¿te vas con la biblioteca al día en esa área?
NC: Los Procesos Técnicos los había empezado cuando recién comenzaba en el armado de la biblioteca y tenía los ficheros de títulos, autor y por materia, eso lo guardo de recuerdo. El inventario sí lo tengo al día y se actualiza de manera constante.
JAO: ¿Me comentabas que te jubilás en un breve tiempo?
NC: Sí, trabajo hasta la semana que viene. Quería hacer una foto panorámica de cómo dejaba la biblioteca porque mi biblioteca la entrego así impecable, este es mi trabajo, este es mi legado..., y acá fueron quedando muchas cositas que se fueron haciendo para la imposición del nombre de la biblioteca, así que ya estuve limpiando, me queda el otro lado que lo quiero liberar y entrego mi biblioteca. Para mí es muy movilizadora esta jubilación, hubo momentos que tuve ataques de pánico, porque me cuesta soltar, es una etapa que tengo que atravesar, es hora de disfrutar. Elegí esta profesión por vocación y siempre la volvería a elegir, la biblioteca para mí es el paraíso, estoy súper contenta de dejar este legado, porque acá dejé mi esencia, esto soy yo.
Luego de 40 años de trabajo ininterrumpido en la biblioteca recibimos la noticia de que Nancy se había jubilado.
Nancy no encontró una biblioteca: la creó. Su recorrido profesional refleja cómo con esfuerzo y creatividad, supo convertir un pequeño armario con libros en el corazón pedagógico de la Escuela Secundaria nº 23. Cada estantería colocada, cada libro gestionado, cada actividad cultural organizada fue parte de una construcción amorosa y consciente del valor que tiene el acceso al conocimiento.
La historia de Nancy Centeno no es sólo la de una bibliotecaria escolar, su testimonio nos invita a reflexionar sobre la figura del bibliotecario como mediador cultural, promotor de la lectura y guía en la formación de usuarias críticas y usuarios críticos y autónomos. En una era dominada por la inmediatez digital, Nancy apostó siempre por el vínculo humano.
Su vocación la sostuvo durante 40 años, en los que dejó una marca imborrable en generaciones de estudiantes y docentes. Su legado no está sólo en los libros que ordenó, sino en cada lector que despertó.
Entrevista realizada el día 21 de marzo de 2024 a las 14:20 hs.
1 Forma en la que comúnmente la comunidad del partido de La Matanza hace referencia a la localidad de Gregorio de Laferrere.
2 Nota de la edición: en letra cursiva se intercalan las reflexiones elaboradas por la autora de la entrevista, Jésica A. Ortiz.
3 Nota de la autora: hasta el año 1999 fue posible tomar el cargo de preceptoría con el título secundario de Bachiller pedagógico.
4 Se refiere al ISFD n° 106 Almafuerte de la localidad de San Justo.
Anuario sobre Bibliotecas, Archivos y Museos Escolares, Volumen 5, 2025
Jesica Abigail Ortiz
Cuarenta años no son nada.Entrevista a Nancy Centeno, fundadora y bibliotecaria
durante 40 años, de la biblioteca escolar “Irene Bernasconi” | pp. 30 a 36