Instituto Superior de Formación Técnica n° 8,
Dirección General de Cultura y Educación
Este trabajo propone una mirada crítica sobre la evolución de los museos escolares, desde su aparición en el siglo XIX hasta su papel en el presente. A lo largo del recorrido, se aborda cómo estas instituciones surgieron en el marco del fortalecimiento de los sistemas educativos modernos, adquiriendo una función pedagógica centrada en el uso de objetos como recursos de enseñanza. También se explora cómo contribuyeron a la construcción de imaginarios nacionales desde la escuela. El análisis se basa en el estudio de documentos históricos y bibliografía especializada, con atención al caso argentino, para comprender a estos espacios resignificados en las últimas décadas como lugares de conservación patrimonial, producción de conocimiento y memoria educativa.
Museos escolares, Historia de la educación, Cultura material, Identidad nacional, Pedagogía visual.
Durante la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a conformarse en distintos países europeos, iniciativas institucionales orientadas a la recopilación, exhibición y uso pedagógico de materiales escolares. Estos espacios, que con el tiempo serían reconocidos como museos pedagógicos o escolares, así como exposiciones permanentes vinculadas al ámbito educativo, proliferaron especialmente desde 1851, con un total aproximado de 79 experiencias documentadas. Sus colecciones reflejaban las concepciones pedagógicas de la época, incorporando desde recursos didácticos y materiales de enseñanza hasta producciones estudiantiles y documentación escolar (García, 2010, p. 92); y su actividad estaba asociada y sostenida por publicaciones en periódicos y bibliotecas. En Argentina esta alianza estará dada por la publicación de El Monitor de la Educación Común, la Biblioteca Nacional de Maestros y el Museo Escolar.
Si bien muchas de estas iniciativas no perduraron en el tiempo, su presencia masiva revela la importancia simbólica y formativa que se atribuía a los objetos en el proceso educativo, así como el creciente lugar que estos museos comenzaron a ocupar dentro de los sistemas escolares en expansión. Según García, “la circulación internacional y la traducción a varios idiomas de los catálogos, los viajes de los profesores, las exposiciones internacionales y la instalación de casas consignatarias en diferentes países ayudaron a una mayor difusión de esa nueva imaginería escolar” (2007, p. 180).
Con el avance de la modernidad comenzaron a introducirse cambios significativos en las prácticas educativas, impulsados por docentes egresados de las escuelas normales y por responsables de la política escolar. Esta transformación promovió una metodología centrada en la observación y la experiencia directa como medios privilegiados para el aprendizaje. En ese marco, se desarrollaron colecciones didácticas compuestas por ejemplares representativos del entorno natural, se incorporaron museos en los espacios escolares y se alentó la realización de excursiones, así como la visita a instituciones públicas y exposiciones científicas, integrando estos recursos al proceso de enseñanza.
Como sostiene García,
las iniciativas, denominadas ‘museos escolares’, se dirigieron inicialmente hacia la promoción del estudio de la naturaleza local y los recursos productivos con los que contaba el país, tratando al mismo tiempo de divulgar una cierta imagen de nación. En el marco de esas ideas se propusieron colecciones con ejemplares ‘nacionales’ y posteriormente textos que reproducían el formato de los modelos extranjeros, pero con ejemplos e ilustraciones representativas de la flora, fauna o minerales del suelo argentino (2007, pp. 174-175).
En el contexto latinoamericano, las primeras iniciativas datan de finales del siglo XIX. En la ciudad de Río de Janeiro se instaló un museo escolar de gestión privada cuya existencia fue breve. Más tarde, abrió sus puertas el Pedagogium, una institución pública que se mantuvo activa hasta 1919. También se registraron experiencias similares en Santiago de Chile y Montevideo.
En Argentina,
En 1885 el Consejo Nacional de Educación resolvió la creación de un museo escolar nacional. A finales de 1888, se estableció su reglamento, inspirado en parte en el del Museo Escolar de Bélgica. Al año siguiente, fue anexado a la Biblioteca de Maestros. Sus primeras colecciones estuvieron constituidas por ejemplares de libros, mapas, láminas, útiles y otros materiales guardados en depósitos del Consejo. Este organismo proveía materiales de enseñanza a las escuelas públicas de Capital Federal y territorios nacionales (García, 2010, p. 93).
Las colecciones educativas se estructuraban a partir de ejemplares y textos ilustrados que respondían a las particularidades de la flora, la fauna y los recursos minerales del territorio argentino. Sin embargo, esta adaptación local mantenía como referencia los formatos y modelos didácticos de origen europeo, reproduciendo sus esquemas y criterios pedagógicos. Entre 1870 y 1920 se considera que fue la “era dorada de las láminas” (Linares, 2017, p. 74).
Imagen 1. Material didáctico. Museo Escuela Normal n° 1 Mary O. Graham. La Plata. Colección Museo escolar. Unidad académica
En el contexto de la consolidación del Estado nacional, estos recursos didácticos cumplirían un papel fundamental al adaptar sus contenidos, reemplazando la perspectiva europea por una que resaltaba los recursos naturales y las particularidades propias de la Argentina. La conformación y exhibición de colecciones de historia natural con sus catálogos implicaría “la argentinización de la flora, la fauna, los minerales y los fósiles hallados en el territorio nacional” (Podgorny, 2000, citado por García, 2010 p. 93), promoviendo una estrecha vinculación entre el museo, el público y el sistema escolar. Pero el proyecto encontraría algunos inconvenientes de carácter museológico: “la catalogación, la conservación, investigación y difusión de los objetos recolectados” (García, 2010, p. 93), tareas específicas que requerían personal calificado. Una solución, apoyada por el naturalista Florentino Ameghino fue la creación de una red de museos escolares y un museo central, dirigido por un especialista que impartiría instrucciones acerca del manejo de las colecciones, la recolección del material de la región y la posterior catalogación y redistribución en las escuelas. Esta idea alcanzaba un doble propósito: la conformación de un acervo propio y la implicación de los científicos en el proceso de puesta en valor de los recursos del país.
Hacia 1893 Pedro Scalabrini, docente y naturalista de la Escuela Normal de Paraná, creó las cajas-museo que contenían muestras de minerales y fósiles del litoral. Si bien recibieron críticas por su enfoque localista y el énfasis en la paleontología, estas cajas permitían a docentes y alumnos el contacto directo con material original, promoviendo así una experiencia pedagógica única. Las “cajas-museo Scalabrini” (García, 2010, p. 94) fueron adquiridas por el Consejo Nacional de Educación con el objetivo de ser replicadas con otros contenidos, como la industria y la agricultura, y adaptadas a diferentes zonas geográficas.
Como cité anteriormente, hacia fines del siglo XIX Juan Manuel de Vedia director de la revista El Monitor de la Educación Común, desde 1888, integró al museo, la biblioteca pedagógica y la revista en el Museo del Consejo Nacional de Educación (1895) que exhibía mobiliario, textos, animales embalsamados, instrumentos de agricultura, globos terráqueos, modelos de yeso, aparatos de gimnasia y láminas, además de los modelos conformados en base al proyecto Scalabrini. De Vedia también impulsó acciones de actualización docente y la creación de un “consultorio pedagógico”, con el objetivo de asesorar sobre el uso de materiales didácticos, manuales y útiles escolares (García, 2010, p. 96). El museo cerró sus puertas en 1906, y su acervo fue devuelto a los depósitos del Consejo Nacional de Educación. Entre las últimas acciones del director de Vedia cito algunos artículos del Proyecto de Reglamento para el Museo Escolar:
Artículo 1°. La Biblioteca y Museo Escolar tienen por objeto el facilitar a los encargados de difundir la instrucción primaria el estudio de las cuestiones relacionadas con el ejercicio de su profesión.
Artículo 2°. Esas instituciones reunirán cuanto se relaciona con los adelantos realizados en la arquitectura, la higiene y el mobiliario escolar, como todos aquellos aparatos ú objetos naturales, imitaciones plásticas, fotografías o grabados destinados a dar a los niños una idea tan clara y exacta como sea posible de lo que se les desea enseñar; los documentos relativos a la organización de la educación y los libros usados por los que enseñan y aprenden, tanto en el país como en las naciones extranjeras que están a la cabeza de la civilización.
Artículo 6°. El público tiene asimismo acceso al establecimiento, pudiendo leer en él o consultar los objetos que desee.
Artículo 7°. Los días y horas de oficina, serán los siguientes: Los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes que no sean de fiesta de 12 á 5 por el día y de 7 a 10 por las noches. Los sábados de 12 a 5 p. m. La Biblioteca y Museo estarán abiertos al público en esas horas.
Artículo 19°. El Museo Pedagógico reunirá los siguientes objetos: a) Maquetas, vistas y planos de los diversos tipos de edificación escolar usados en la República Argentina y en demás estados civilizados.
b) Ejemplares o modelos reducidos de muebles escolares usados o inventados en los diversos países.
c) Los aparatos de proyecciones luminosas con colecciones de vistas de la República y para la enseñanza de los diferentes ramos.
d) Los retratos con las biografías de los principales educacionistas que han existido en el país y fuera de él, así como los de los bienhechores de la educación y hombres eminentes en las diferentes esferas de actividad humana.
e) Muestras de los objetos de estudio, naturales y artificiales, aparatos, instrumentos y demás útiles de enseñanza que se usen o se hayan inventado en los países predichos.
f) Cualesquiera otras cosas que sean propias de las escuelas primarias y las normales o que estuviesen comprendidas en otros artículos de este reglamento (De Vedia, 1906, pp. 304-316).
En 1904 el director de El Monitor de la Educación Común, el Museo Escolar y la Biblioteca de maestros sería separado del cargo después de más de una década de trabajo.
Posteriormente, se impulsaron nuevas iniciativas como la impulsada por José María Ramos Mejía, quien propuso la creación de un museo escolar central en el marco de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo. Sin embargo, este proyecto no logró sostenerse más allá de unos pocos años. Durante ese breve período se tomó la decisión de establecer como permanente la exposición del Centenario, incorporar el acervo del Museo Escolar Histórico, las colecciones del Museo del Consejo y crear el Museo Escolar Sarmiento. La nueva institución fue dirigida por el profesor Carlos Biedma, quien había diseñado la exhibición histórica inaugurada por el presidente de la Nación, Figueroa Alcorta.
Con el objetivo de incrementar las colecciones y estimular las donaciones se crea una oficina de canje, encargada de centralizar la formación y redistribución de muestras entre escuelas de todo el país. Este establecimiento modelo de innovación en métodos expositivos y de enseñanza, vio reducida su partida presupuestaria a mediados de 1912. El Museo Escolar Sarmiento comenzó un derrotero que lo dejaría, incluso, sin sede.
Tras vaivenes y tensiones políticas en 1914 la Inspección General de Escuelas de Santa Fe creó el Museo escolar de Ciencias Naturales Florentino Ameghino; en Mendoza se fundó el Museo Regional Educacional, y provincias como Corrientes y Entre Ríos replicaron la experiencia. En Buenos Aires, a pesar de los intentos de un grupo de profesores la iniciativa no prosperó, sin embargo el Museo Escolar Sarmiento logra reinstalarse y hacia 1915 recibe miles de visitantes, ofrece conferencias, realiza proyecciones cinematográficas. Al año siguiente se inaugura la Sala de los Niños con una biblioteca infantil y espacios para clases prácticas y canto. El Museo absorbe la antigua Oficina de Ilustraciones y Decorado Escolar.
Imagen 2. Folleto entregado durante la inauguración de la exposición por el 130 aniversario de la Escuela Normal n° 1 Mary O. Graham. Colección Museo escolar. Unidad académica
En la década de 1920, el naturalista Ángel Gallardo, presidente del Consejo Escolar, dio un nuevo enfoque orientado a la divulgación científica y la capacitación docente, destacando la importancia de la participación del museo como instrumento pedagógico. Posteriormente, “Hacia 1937, y gracias a la iniciativa de la profesora Rosario Vera Peñaloza, comienza a funcionar en el Instituto Bernasconi de Buenos Aires, el Museo Argentino para la Educación Primaria. De carácter nacionalista, su eje temático estaba basado en la geografía argentina” (García, 2010, pp. 104-105).
Imagen 3. Acervo patrimonial. Escuela Normal n° 1 Mary O. Graham. La Plata. Colección Museo escolar. Unidad académica
Específicamente,
El plan de las exposiciones comprendía un salón destinado al medio físico del país, luego la relación entre este medio y lo biológico, incluyendo la vida de los indígenas. Seguían salas históricas dedicadas a la conquista y colonización del territorio, la independencia y la organización nacional, y luego estaban representadas cada una de las provincias a través de maquetas con paisaje y productos regionales. En otro salón se ilustrarían las relaciones de la Argentina con las naciones del mundo [...] En 1936, el Consejo Nacional de Educación estableció que cada Inspección seccional de provincias creara un museo escolar regional bajo la supervisión del Museo Escolar Sarmiento (García, 2010, p. 105).
Con el paso de los años y la aparición de nuevas tecnologías y recursos didácticos el Museo comenzó a mermar su actividad. En 1943 se decretó su reorganización, cambiando su denominación a Oficina de Ilustraciones y Cinematografía Escolar Domingo Faustino Sarmiento. Por la época varios de ellos cambiaron su tipología a Ciencias Naturales, regionales e históricos.
Los museos escolares fueron espacios clave en la formación pedagógica y en la construcción de una identidad nacional, integrando colecciones didácticas, científicas e históricas al sistema educativo. Su desarrollo en Argentina reflejó la tensión entre la adopción de modelos europeos y la adaptación al contexto local. Sin embargo, estos museos estuvieron fuertemente sujetos a políticas estatales inestables, lo que afectó su continuidad, financiamiento y proyección a largo plazo. A pesar de ello, dejaron un legado valioso en la forma de enseñar, promoviendo el aprendizaje a través de la observación, el contacto directo con los objetos y la experiencia concreta.
Imagen 4. Tareas de señalización realizadas por estudiantes
de la Práctica profesional de la Tecnicatura Superior en Museología. ISFT n° 8. Año 2017
En los últimos años emergieron espacios alternativos dedicados a la conservación del legado educativo que, sin adoptar formalmente la denominación de museo, desarrollan tareas de recopilación, organización y difusión de materiales escolares. Estos centros de memoria educativa se caracterizan por integrar enfoques múltiples, combinando saberes provenientes de disciplinas como la historia de la educación, la museología, la antropología y la archivística. Su propósito no se limita al resguardo físico de objetos, sino que se orienta a la construcción de nuevas lecturas sobre las prácticas escolares y sus transformaciones a lo largo del tiempo.
Hoy los museos escolares han ampliado su propósito inicial. Ya no se limitan a cumplir un rol didáctico, sino que se configuran como espacios vivos de memoria, capaces de resguardar la historia material de la escuela y de generar preguntas sobre cómo se ha enseñado y aprendido a lo largo del tiempo. Al exhibir objetos que formaron parte de la vida escolar, estos museos invitan a pensar críticamente la experiencia educativa, dando lugar a nuevas miradas sobre el conocimiento, los valores y las formas de relación que marcaron distintas épocas.
Muchos de estos proyectos nacen del impulso de las propias comunidades educativas, que buscan preservar huellas del pasado como acto de compromiso con su historia. En ese gesto se expresan formas de resistencia frente al olvido, al mismo tiempo que se reivindica a la escuela como un espacio central en la construcción de identidades colectivas, abren la puerta a reflexionar sobre la educación como proceso dinámico, reconociendo su diversidad, tensiones y transformaciones. En este sentido, se convierten en puentes entre la historia, la cultura y los desafíos actuales de la enseñanza.
Dice Alonso Fernandez: “El método museográfico por excelencia para la puesta en escena de los objetos, y para la difusión, comunicación y diálogo con la comunidad”, es la exposición (2006, p. 35).
La Nueva Museología, además de incorporar la función didáctica de los museos a las tradicionales funciones de conservación y exposición, “democratizó la venerable institución elitista, desplazando al objeto y a la colección como centro de gravedad e instalando en su lugar a las personas, a los visitantes y a los usuarios” (Hernández, 1998, p. 67, citado por Somoza & Yanes, s.f., p. 2). Este cambio de paradigma también influye en los museos escolares, los cuales intentan diseñar sus exposiciones con narrativas que fomenten una actitud reflexiva en el público.
Más allá de los objetos materiales, los museos escolares buscan construir nuevos discursos con aportes de los visitantes, estableciendo un diálogo activo entre el pasado, el presente y el futuro desde diversas miradas, encontrando varias denominaciones como: Escuela-Museo, Museo Histórico-Escolar, Museo de la Educación, Museo Pedagógico o Museo/Laboratorio de Historia de la Educación, solo por nombrar algunos.
Como sostiene Brizzi,
Actualmente, en muchas de las escuelas de nuestro país, si bien ya no existe el museo escolar como tal, todavía quedan algunos vestigios de los objetos museales que los integraban. Atesoran piezas de distintas épocas y temáticas, pero principalmente historias de la institución, por lo cual resulta sumamente relevante ponerlos en valor y protegerlos para que las nuevas generaciones puedan conocerlos, disfrutarlos e incorporarlos al proceso de construcción de conocimientos. Es importante sensibilizar a las comunidades educativas acerca del patrimonio cultural existente en las escuelas y promover la creación de espacios destinados a museos escolares que susciten su conservación y difusión. Además, se ha vuelto imperiosa la necesidad de que los sujetos e instituciones se comprometan y participen activamente en la tarea educativa. Los vínculos y afectos constituyen la base sobre la cual se construyen los conocimientos y es en esta dirección en la que se puede pensar al museo escolar de hoy. Se trata de una construcción social que resguarda una colección heredada; que en la mayoría de los casos ha sido conformada mediante una política de adquisición definida y bajo un concepto de patrimonio que no necesariamente coincide con los del presente. Sin embargo, desarrollando propuestas acordes al contexto y a las necesidades de hoy puede significar una herramienta lúdico-pedagógica sumamente provechosa (2022, p. 140).
El Museo de las Escuelas, dependiente del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se presenta como un espacio destinado a fomentar el diálogo entre distintas generaciones en torno a las vivencias, objetos y prácticas vinculadas al ámbito escolar y educativo. La experiencia busca combinar lo estético, lo creativo y lo reflexivo, invitando a sus visitantes a involucrarse activamente en la recreación de diversas actividades escolares. Además, se promueve el intercambio de relatos y percepciones personales sobre la experiencia educativa, con el propósito de que cada persona pueda conectar emocionalmente, imaginar posibilidades y reflexionar sobre las tradiciones, los desafíos actuales y las perspectivas futuras de la educación.
Alonso Fernández, L. (2006). Museología y museografía. Del Serbal.
Brizzi, A. L. (2022). Los museos escolares en Argentina: El caso de la Escuela Normal Superior N°1 de Rosario. Res Gesta, (58), 122-141. https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/15609/1/museos-escolares-argentina.pdf
De Vedia, J. M. (1906). Juan Manuel de Vedia. In Memoriam. Buenos Aires.
García, S. (2010). Museos y materiales de enseñanza en Argentina (1890-1940). En El museo en escena. Política y cultura en América Latina (pp. 92-105). Paidós.
García, S. (2007). Museos escolares, colecciones y la enseñanza elemental de las ciencias naturales en la Argentina de fines del siglo XIX (pp. 173-196). SEDICI – Repositorio de la Universidad Nacional de La Plata. http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/29719
Linares, M. C. (2015). La pedagogía de la imagen: las láminas escolares como recurso histórico y museográfico en la historia de la educación. Revista Iberoamericana do Patrimônio Histórico-Educativo, Campinas (SP), 1(1), 68-82. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5777267
Podgorny, I. (2000). El argentino despertar de las faunas y de las gentes prehistóricas. Coleccionistas, museos, estudiosos y universidad en la Argentina, 1875-1913. Eudeba/Libros del Rojas.
Rajschmir, C. (2000). Los museos escolares argentinos: de la enseñanza de las ciencias a la construcción de lo nacional. En S. Gvirtz (comp.), El color de lo incoloro: Miradas para pensar la enseñanza de las ciencias (p. 149-175). Novedades Educativas.
Somoza, M., & Yanes, C. La (re)construcción de los procesos educativos en la museología escolar: Reflexiones en torno a sus relaciones. Universidad Nacional de Educación a Distancia, Universidad de Sevilla. https://www.academia.edu/143777017/La_re_construcci%C3%B3n_de_los_procesos_educativos_en_la_museolog%C3%ADa_escolar_Reflexiones_en_torno_a_sus_relaciones
García del Dujo, Á. (1985). Museo Pedagógico Nacional (1882–1941). Teoría educativa y desarrollo histórico. Universidad de Salamanca.
Hernández Díaz, J. M. (1993). Las exposiciones pedagógicas y la historia material de la educación. En Educación y europeísmo. De Vives a Comenio. Actas del VII Coloquio Nacional de Historia de la Educación. Málaga.
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Pineau, P., Dussel, I., & Caruso, M. (2001). La escuela como máquina de educar. Ediciones Paidós.
Anuario sobre Bibliotecas, Archivos y Museos Escolares, Volumen 5, 2025
Ángela Márquez
Museos escolares: identidad, memoria y pedagogía del objeto | pp. a 197