Centro Nacional de Información y Documentación Educativa,
Biblioteca Nacional de Maestros
El presente artículo tiene como objetivo reflexionar acerca del contexto histórico en el que surgieron los centros de documentación educativa en nuestro país, haciendo foco en sus objetivos, logros y desafíos del presente. Para esto analizaremos el devenir de los centros al interior de los organismos públicos y del Sistema Nacional de Información Educativa (SNIE), a la luz de la cultura documental sobre la que se desarrollaron en nuestro país. Finalmente, reflexionaremos acerca del impacto tecnológico en el acceso a la información y en cómo esto nos exige replantear algunas de nuestras funciones tradicionales.
Centros de documentación, Organismos públicos, Tecnología de la Información, Acceso a la información
Como sabemos, la denominación centro de documentación surge en un momento histórico donde el número de publicaciones científicas, legales y técnicas habían crecido considerablemente al interior de instituciones y organismos públicos, haciendo más difícil la obtención de datos de forma rápida y eficiente (Cabrales & Linares, 2005). Los centros de documentación buscan dar respuesta a estas dificultades mediante la elaboración de productos propios a partir del tratamiento exhaustivo de su colección. De esta manera, se convierten en organizadores de información a través de la elaboración de bibliografías, reseñas, boletines, resúmenes y otras fuentes secundarias que agilizan el tiempo de investigación y la obtención de respuestas.
En el caso de los centros de documentación educativa, su surgimiento fue de la mano de las ideas desarrollistas que impactaron en Argentina en la década del 60. Esta vinculación es poco analizada pero bastante notoria en la bibliografía sobre planeamiento educativo. Desde esa perspectiva, los países que aspiraban al desarrollo económico debían extender rápidamente sus sistemas de enseñanza para lo que necesitaban con urgencia planes y por tanto, datos sistematizados (UNESCO, 1963). La información pasó a ser un elemento clave en la política educativa y su sistematización un requerimiento de los organismos internacionales hacia la administración pública. Es por esto que la UNESCO y la OEA impulsan la creación de centros de documentación educativa al interior de los ministerios. Dos eventos se consideran precursores de este impulso: la 8va Conferencia General de la UNESCO realizada en Montevideo en 1954 y el 6to Seminario Interamericano sobre Planeamiento Integral de la Educación, convocado en Washington por la Organización de los Estados Americanos (OEA) en 1958.
En el caso de la UNESCO, una de las resoluciones adoptadas invitaba a los Estados miembros a crear “centros nacionales de intercambio de información sobre educación y a reforzar las instituciones de esta índole ya existentes” (UNESCO, 1955). Resoluciones similares fueron adoptadas por las Conferencias Generales que se celebraron en Nueva Delhi en 1956 y en París en 1958 y 1960. Por su parte la OEA, en el Seminario Interamericano sobre Planeamiento de la Educación, señala que para el mejor aprovechamiento de los Centros de Documentación estos se deben vincular a instituciones de investigación pedagógica, a Ministerios o Secretarías de Educación, Oficinas de Planeamiento, etc. (UNESCO, 1957). Dos años después se crea en la jurisdicción del Ministerio de Educación y Justicia, con dependencia directa de la Subsecretaría de Educación, el Departamento de Documentación e Información Educativa, sobre la base de la ya existente Dirección de Informaciones y Biblioteca creada en 1938. Los servicios que se definen para el Centro Nacional se asemejan más a los que ya existían en el Departamento de Documentación que a los propuestos por la UNESCO y la OEA.
En un decreto posterior, al Centro Nacional se le asigna la función de coordinar las acciones con los centros de las distintas jurisdicciones del país, lo que constituye el primer intento por construir un sistema nacional de información.
Algo más de una década después se institucionaliza el Sistema Nacional de Información Educativa mediante el Acuerdo de Vaquerías en la III Reunión Nacional de Centros de Documentación e Información Educativa, donde se establecen los objetivos del sistema, su estructura y los reglamentos para su funcionamiento.1 Decenas de reuniones nacionales, regionales y capacitaciones se han sucedido desde entonces con mayor énfasis a partir de la década de los 90, donde la descentralización del sistema educativo dio lugar a diversas redes federales. Los objetivos iniciales fueron adaptándose y obteniendo mayor o menor éxito dependiendo el momento político, sin embargo, a pesar de los esfuerzos realizados por los referentes jurisdiccionales, el planteo inicial del SNIE como sistema integrado de información no llegó a consolidarse.
Podemos mencionar varias razones asociadas a la heterogeneidad de recursos técnicos y de infraestructura de las distintas jurisdicciones pero, la hipótesis que nos resulta más importante señalar es que el intento de implantar una política de información de la mano de los organismos internacionales fue realizado sobre una cultura institucional que poco sabía de procedimientos de documentación y donde muchas veces las funciones de los centros fueron confundidos con los de una biblioteca pública.2
Han pasado ya 50 años del acuerdo que institucionalizó al SNIE. Como señalamos, su conformación estuvo atravesada por cambios políticos y situaciones jurisdiccionales muy diversas, sumado al impresionante cambio tecnológico que atravesó todas las prácticas estatales y las formas de acceder y procesar la información.
La automatización de prácticas estatales, el nacimiento digital de publicaciones y la creación de páginas web al interior de los organismos multiplicó las formas de difundir la información pública y científica. Esta expansión, si bien tiene aspectos radicalmente positivos en cuanto al acceso, también produjo una enorme fragmentación, haciendo cada vez más complejo obtener información exhaustiva sobre un tema. Más aún cuando lo que se requiere es analizar un área de conocimiento en el largo plazo y nos encontramos con url que han dejado de funcionar.
Muchos de los centros de documentación en las jurisdicciones se transformaron –en el mejor de los casos– en fondos cerrados consultados por investigadores y las tareas propias de difusión de la información actualizada y vigente se realizan a través de los sitios web de los organismos.3 Otros centros simplemente dejaron de funcionar haciendo imposible rastrear la documentación histórica que contenían.
Ahora bien, resulta evidente que algunas de las funciones establecidas para los centros de documentación y para el sistema de información hoy en día resultan obsoletas. Sin embargo, otras se tornan fundamentales: la posibilidad de digitalización y envío de documentos de manera remota hace más importante la comunicación entre unidades de información que la costosa tarea de adoptar estándares de descripción homogéneos en vistas a una base de datos unificada.
La referencia especializada continúa siendo fundamental. Los usuarios que no han crecido atravesados por la tecnología se encuentran desorientados ante el volumen de información y la cantidad de accesos a la misma. Por el contrario, quienes han crecido impregnados por la tecnología exigen cada vez más documentos digitales con OCR para ahorrar tiempo de lectura y hacerse de los datos de la forma más rápida posible. Sin juicios de valor entre lo que se gana o se pierde en estas maneras de aproximarse al conocimiento, lo cierto es que tenemos que dar respuestas que estén a la altura de las demandas. No basta ya con decir que necesitamos escáneres o registros con catalogaciones perfectas –que desde ya las necesitamos– pero mientras los esperamos hay smartphones que desarrollan funciones de escaneo nada despreciables a la vez que la IA aplicada a los motores de búsquedas Google encuentra los textos antes que los softwares de gestión bibliotecológica. Entonces: ¿qué es lo urgente y qué es lo posible? La respuesta es más obvia que innovadora y tiene que ver con la generación de una cultura de resguardo documental al interior de las organizaciones, cuestión que la tecnología no puede generar por sí sola.
Vamos a mencionar las acciones que creemos fundamentales:
Estos son los puntos que creemos fundamentales para encauzar el trabajo de los centros de documentación y otras unidades de información afines. Sin criterios claros y prácticas sostenidas a través del tiempo no podremos tomar decisiones inteligentes por más que contemos con la infraestructura ideal. Y por último, pero no menos importante, debemos tener presente que la principal función de los centros de documentación no es solo el resguardo documental sino su posibilidad de dar acceso al mismo de forma ordenada, rápida y eficiente.
Presidencia de la Nación. (1960, 10 de agosto). Decreto 7568/1960. Créanse los Departamentos de Documentación e Información Educativa y de Estadística Educativa. https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/10887093/19600810
Presidencia de la Nación. (1961, 13 de septiembre). Decreto 7496/1961. El Departamento de Documentación e Información Educativa asume funciones de Centro Nacional. Boletín Oficial de la República Argentina. https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/10873908/19610913
Presidencia de la Nación. (1962, 30 de mayo). Decreto 4502/1962. Nueva denominación del Centro Nacional de Documentación e Información Educativa. Boletín Oficial de la República Argentina. https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/10870622/19620530
UNESCO. (1955). Conferencia General, 8th, Montevideo, 1954: Resoluciones.
UNESCO. (1963). Principios del planeamiento de la educación. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000133860
Cabrales Hernández, G. & Linares Columbié, R. (2005). Origen y formación de la Ciencia de la Información (1895-1962). Biblios, 6(22), 84-98. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16102207
García Elorrio, L. (1995). Sistema Nacional de Información Educativa: 20 años de su institucionalización: 1975-1995. Sindicato Argentino de Docentes Particulares SADOP. http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL008248.pdf
Nazar, M. (2014). El acceso a los archivos: sistemas de gestión de la información implementados en América Latina. En N. Torres (comp.), Hacia una política integral de gestión de la información pública: todo lo que siempre quisimos saber sobre archivos (pp. 11-46). Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información. https://datos.bcn.cl/es/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/44372/1/Hacia_una_politica_integral.pdf
Nazar, M. (2021). La Archivística como un saber de la administración estatal. Instituto Nacional de la Administración Pública. Cuadernos del INAP, 2(72). https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/cuinap72.pdf
Salinovic, M. (2023). La paradoja de no documentar. SNIE : revista oficial del Sistema Nacional de Información Educativa / Sistema Nacional de Información Educativa. Ministerio de Educación (2), 8-9. http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/monitor/SNIE/SNIE-2023-N2.pdf
Salinovic, M. (2023). Planificar el trabajo del CeDOC. SNIE: revista oficial del Sistema Nacional de Información Educativa. Ministerio de Educación (1), 14-15. http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/monitor/SNIE/SNIE-2023-N1.pdf
1 Para ver en detalle la historia del SNIE y su marco normativo véase García Elorrio (1995).
2 En este punto compartimos las observaciones que realiza Mariana Nazar (2021) con respecto a los documentos de archivo y creemos que podemos extrapolar su análisis al tratamiento documental en general y a las políticas de la información pública.
3 El último relevamiento dio un total de siete jurisdicciones con centros de documentación operativos y seis con catálogo disponible. Con respecto al acceso documental existe una gran diversidad, hay provincias donde se han generado servicios de almacenamiento en la nube sin posibilidad de búsqueda y otros menos que poseen sistemas de consulta mediante un software de gestión más complejos.
Anuario sobre Bibliotecas, Archivos y Museos Escolares, Volumen 5, 2025
Mariana Salinovic
Los Centros de Documentación Educativa: surgimiento, devenir y desafíos del presente | pp. 104 a 109