Escuela de Educación Secundaria n° 55, La Matanza.
“Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra”
Paulo Freire
En el presente artículo, se presenta una experiencia de alfabetización en la Escuela de Educación Secundaria n° 55 de La Matanza. En la descripción se manifiestan las problemáticas escolares cotidianas, así como también los logros conseguidos con este proyecto.
Alfabetización, Escuela Secundaria, Comunidad, Conocimiento, Formación.
La Escuela de Educación Secundaria n° 55, del distrito de La Matanza, está ubicada a la altura del kilómetro 43 de la Ruta Nacional n° 3, dentro de la localidad de Virrey del Pino. Es una escuela que en su Ciclo Básico cuenta con la modalidad de jornada extendida y en su Ciclo Superior es de jornada simple, con dos orientaciones: en el turno mañana, ciencias naturales y en el turno tarde, comunicación.
Por otro lado, como ya se dejó entrever al marcar su ubicación, por estar emplazada en el tercer cordón de La Matanza, claramente es una institución que básicamente atiende a una comunidad caracterizada por ser perteneciente a los denominados sectores populares. Es decir, en la mayoría de los casos, el alumnado suele estar conformado por jóvenes pertenecientes a familias de trabajadores formales e informales, que ven en la escuela una oportunidad de superación social para sus hijas e hijos, llenando de esperanza cada día a nuestra institución. Esta es nuestra escuela, estos somos y por nuestras y nuestros jóvenes queremos ser...
Camino de ingreso a la EES n° 55.
Como ya expresamos, nuestra escuela está inserta en la vida de los denominados sectores populares. Esta situación, por un lado, nos presenta ciertos desafíos, que el contexto maximiza, propios de la historia de la educación secundaria en la Argentina. Y por otro lado, aunque en correlación con lo anterior, nos vemos obligados a ampliarnos y redoblar los esfuerzos, con el claro fin de mejorar la vida y el futuro de nuestra juventud. En esta ocasión, vamos a presentar lo trabajado desde la escuela, junto con toda la comunidad educativa, cuando detectamos que existía un profundo problema vinculado a la alfabetización de las y los ingresantes al primer año. Concretamente, al iniciar el ciclo lectivo 2024, durante la semana de recibimiento del estudiantado y algunas semanas más, trabajamos en una etapa de diagnóstico, con el objetivo de lograr planificar el resto del año, desde su aspecto pedagógico. Así, durante esos días, entre las profesoras y profesores, las preceptoras y preceptores, bibliotecaria, encargado de medios de apoyo técnico-pedagógico y el equipo de orientación se desarrollaron actividades que, en cierta medida, permitieron mapear el estado de la situación, destacando diferencias, respecto de la condición de alfabetización de las y los estudiantes ingresantes.
Clase de alfabetización de primer año.
Finalizada esta primera etapa, realizamos reuniones entre el conjunto de los docentes en coordinación con el equipo de conducción de la escuela. Durante el desarrollo de estas reuniones, diseñamos un plan integral para abordar el problema de la alfabetización de las y los estudiantes del primer año. Situación, respecto de la alfabetización, que pudimos vincular y corroborar como parte de los últimos resabios en educación que la pandemia ocasionada por el virus del COVID-19 nos había dejado. Así, decidimos avanzar en la búsqueda de soluciones, independientemente del nivel educativo al cual pertenece nuestra escuela. Entendiendo siempre, que si la necesidad sobre la alfabetización o cualquier otra cuestión vinculada a la educación se hace presente, una escuela no puede ser indiferente, y el resarcimiento del derecho a la educación debe prevalecer.
Llegados a este punto, queremos contarles qué fue lo que hicimos concretamente, para abordar el problema detectado acerca de la alfabetización del estudiantado de primer año. En un momento inicial, como parte de sus tareas rutinarias, pero con el fin de concretar una diferenciación de casos desde la propia experticia, los docentes del equipo de orientación se dedicaron a trabajar puntualmente con aquellas y aquellos estudiantes que evidenciaban problemas de alfabetización. Posteriormente, en base a lo diagnosticado pensamos y desarrollamos algunas capacitaciones internas con el resto del personal docente. De esta manera, logramos conformar un equipo de alrededor de 30 personas que trabajaron en la alfabetización.
Pasillo de la escuela un día cualquiera…
Es importante destacar, que el equipo docente del programa de Fortalecimiento de las Trayectorias Educativas (FORTE) también se volcaron a trabajar en esta iniciativa de la escuela. Por lo tanto, durante el despliegue de las clases habituales, algunas y algunos de las y los estudiantes en cuestión se dedicaron a abordar su alfabetización, con el acompañamiento y comprensión de las familias, las cuales entendieron que sin estar correctamente alfabetizadas y alfabetizados, el significado de las clases para sus hijas e hijos no tendría el sentido deseado ni necesario. En otras palabras, desde todos los actores de la comunidad educativa, nos dedicamos a colaborar mancomunadamente en pensar y enseñar desde una perspectiva que entienda a la alfabetización como un derecho y como tal, impostergable. Fue muy movilizante para todas y todos darnos cuenta que estábamos materializando la tan mencionada justicia curricular. Y, como expresaron las familias y puntualmente las y los estudiantes, la felicidad se hizo presente gracias al conocimiento.
Pasemos ahora a la parte más concreta de lo sucedido, a aquellos hechos que se dan en la vida cotidiana y que, por simples que parezcan, nos marcarán y, sí se quiere, nos formarán. Hay situaciones que, desde lo emocional, aportan a la construcción de las y los sujetos, a la conciencia de las mismas y los mismos y a la acción que ellas y ellos desarrollan o desarrollarán. En este sentido, es importante que nos comprometamos emocionalmente con nuestro trabajo docente, ya que podremos conectarnos desde otro lugar con nuestra labor, con nuestras y nuestros estudiantes, y con sus vidas.
El patio de la escuela, lugar de risas e historias…
En esta ocasión, según compartió a toda la comunidad educativa el Director de la escuela, al ingresar al espacio de trabajo del Equipo de Orientación, alertado para que se presentara allí, se encontró con un joven que entre lágrimas leía algunas palabras que antes había escrito él mismo. Al preguntarle por qué lloraba y si le había pasado algo, respondió: “lloro porque estoy feliz, esta noche cuando mi papá llegue de trabajar le voy a mostrar que sé leer”. En otra ocasión, de acuerdo al relato de la docente del Equipo de Orientación, más precisamente a la orientadora educacional, una estudiante le envió un video por WhatsApp en el cual le leía a su madre mientras esta cocinaba la cena, hasta que juntas se abrazaban y al final la niña expresaba: “gracias señorita, mi mamá está contenta porque ahora sé hacer la tarea”. Como podemos apreciar en estos relatos, que queríamos compartir, la vinculación entre el conocimiento y la superación personal, sobre todo en los sectores populares, están a la orden del día y mediados por lo emocional. Justamente es aquí donde nuestra escuela se hizo fuerte, más allá del trabajo formal, se logró pensar y producir en comunidad, siempre con el objetivo claro y preciso del derecho a la educación y a la felicidad de las niñas y los niños.
Queremos, ya casi finalizando este artículo, reflexionar acerca de qué fue lo que se logró al trabajar tan marcadamente sobre la alfabetización. Una de las primeras cuestiones que surgieron, fue la modificación favorable en cuanto a la disminución del nivel de dispersión de estas y estos estudiantes, que aún no estaban alfabetizadas y alfabetizados, durante las clases. Es decir, al no encontrar sentido a aquello que las profesoras y los profesores enseñaban durante el desarrollo de las clases, muchas veces el estudiantado en cuestión, se dispersaba y estas situaciones derivaban en potenciales hechos de conflicto. Su inclusión, desde el aspecto pedagógico, ocasionó que el funcionamiento de la dinámica de las clases sea más acorde a lo esperable, tanto para docentes como para el resto del estudiantado. De esta manera, el clima institucional también se vio favorecido y todas y todos nos sentimos, cada uno desde su rol, más a gusto con la escuela. Otro aspecto positivo fue sobre la proyección, en cuanto a posibilidades, de continuidad de los estudios. Lo que antes nos sucedía, como escuela, era que muchas y muchos de nuestras y nuestros estudiantes, al no estar siquiera del todo alfabetizadas y alfabetizados, no podían verse con la posibilidad de seguir estudiando. En este sentido, la inclusión desde la alfabetización fue fundamental para que tengan una apreciación más positiva sobre ellas mismas y ellos mismos, y sus posibilidades. Un aspecto positivo crucial para nuestra comunidad educativa es el impacto de las herramientas que la escuela proporciona. Varias familias resaltaron que estas herramientas permiten a sus hijos acceder a mejores empleos que sus padres, un avance que genera una significativa resonancia emocional en el ámbito familiar. En una ocasión, a modo de ejemplo, una madre nos relató en una reunión de padres: “yo siempre pensé que como no sabía leer ni casi escribir iba a trabajar con su padre como albañil toda su vida, pero ahora ya me lo imagino en una oficina con aire acondicionado”. Este simple relato, también nos mostró lo potente del trabajo de la escuela como fortalecedora de sueños de superación y de su importancia en los proyectos de vida de nuestras y nuestros jóvenes.
Un amanecer desde el patio de la escuela.
A modo de cierre, a lo largo del desarrollo de nuestra experiencia aquí presentada, logramos desarticular ciertos supuestos que, tanto desde lo discursivo como desde la acción, la tradicional escuela secundaria tenía. Así, expresiones como “no me formé para esto”, “la escuela secundaria no está preparada para estas situaciones”, “ya no sé qué hacer con este alumno”, “no es función de la secundaria” quedaron obsoletas ante el trabajo en comunidad que desarrollamos. Por otro lado, también queríamos resaltar con nuestra experiencia, que detenerse a tiempo no es perder el tiempo, muy por el contrario logramos trabajar, desde nuestra perspectiva, con los objetivos centrales de la educación secundaria. Así, conseguimos resignificar situaciones de la cotidianeidad y aportar positivamente a la construcción de ciudadanías, a la continuidad de los estudios y al mundo del trabajo generando por lo tanto, según los propios relatos de las familias, -que son las y los destinatarios de nuestro trabajo-, aspectos positivos para pensar nuevos proyectos de vida para sus hijas e hijos. Quizás, desde nuestro humilde lugar, les permitamos imaginar en nuevas acciones transformadoras que logren de una vez por todas que la escuela secundaria concrete su universalidad tan necesaria para todas y todos. Les dejamos finalmente algo que en una reunión de estudiantes uno de los jóvenes que logró alfabetizarse nos dijo: “gracias por enseñarme a leer y escribir, ahora puedo soñar con otra vida distinta a la que me imaginaba que iba a tener, soy feliz”.
Anales de la Educación Común, 2025, Volumen 6, N° 1-2 | C. Gigena |
Alfabetizar en el secundario. Historias de esperanza en la Escuela Secundaria n° 55 de La Matanza| pp. 199 a 205