Dirección Provincial de Evaluación e Investigación,
Dirección General de Cultura y Educación.
Conversamos con Alberto Sileoni, quien nos ofrece una mirada profunda y reflexiva sobre su experiencia como Director General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires. En este diálogo, abordamos los desafíos y logros de su gestión, especialmente en el contexto de la pospandemia de COVID-19, la recuperación de la presencialidad, la intensificación de aprendizajes y las problemáticas actuales de
la educación, como la salud mental y el uso de la tecnología. También exploramos su visión sobre la Ley Provincial de Educación y el rol transformador de la escuela en la sociedad actual.
—Para comenzar, sería de gran interés que comenzaras compartiendo tu experiencia como Director General, especialmente considerando el desafío inicial que representó asumir la cartera durante la etapa de recuperación de la pandemia de COVID-19. ¿Qué reflexiones te merece ese período?
—Bueno, en principio, quisiera agradecer al equipo de Anales. Volver a participar en nuestra Revista pedagógica bonaerense es un honor.
Me sumé por una invitación del gobernador en diciembre de 2021. No estuve en la gestión en 2020 y 2021, los años de pandemia; tengo mucho respeto por las compañeras y los compañeros que asumieron la responsabilidad en esos tiempos, nuevos y complejísimos, no solo para la provincia de Buenos Aires, sino para el país y el mundo. Tuve una intensa actividad universitaria y charlas virtuales para todo el País, pero la gestión es otra cosa: riesgos, decisiones en tiempo real, muchas veces sin antecedentes previos, creatividad. Así que lo primero es hacer un reconocimiento a quienes estuvieron en esa época tan difícil.
A nuestra gestión le correspondió recuperar la presencialidad, que es una etapa de felicidad, de encuentro, de restitución de vínculos, en donde la escuela vuelve a ser lo que la escuela es: un sitio de aprendizaje, conocimiento, amistad y valoración de la relación humana que se había roto. En esos primeros meses aún se mantenían requisitos y protocolos referidos al aula cuidada. Alrededor de 170 mil chicas y chicos se desvincularon, lo que obligó a realizar un trabajo muy fuerte de revinculación con programas específicos. Al final, quedaron muchachas y muchachos que no retomaron la escolaridad, pero en cifras que responden a patrones más o menos estables de abandono escolar. Fue un gran esfuerzo para el retorno a la escuela, para la búsqueda de estudiantes en situación de alejamiento de su educación.
Por supuesto que las consecuencias pedagógicas aún se advierten en la actualidad, están visibles en las pruebas Aprender, tanto de primaria como, la última, de secundaria. Las y los estudiantes evaluados en 2024 son los que habían empezado su primer y segundo año durante la pandemia.
Los malos resultados pedagógicos tienen relación con la pandemia, a los que añadimos visibles daños subjetivos, sobre todo en estudiantes secundarios, expresados en autolesiones, intentos de suicidio, situaciones de mucha angustia. Desde hace dos años junto al Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires organizamos talleres de Salud Mental. Ya han pasado por ellos más de 100.000 muchachas y muchachos, con resultados muy buenos. La limitación es la llegada masiva, ya que tenemos 1.700.000 estudiantes en la secundaria bonaerense; números tan altos que hacen complejas las soluciones plenas.
Es necesario continuar examinando las consecuencias pedagógicas y sanitarias de la pandemia. Las escuelas atesoraron mucho esa experiencia y nunca ocultaron sus consecuencias, las pusieron sobre la mesa, no escondieron los dolores. Otra secuela de aquellos tiempos es la discontinuidad pedagógica en alumnas y alumnos del Nivel Inicial y Primario. Las inasistencias de docentes y de estudiantes eran más comunes en el ciclo secundario, pero el hecho nuevo es la inasistencia en los primeros años de la trayectoria escolar, superior a la media histórica. Trabajamos para revertirlo, para trasmitir a la comunidad la importancia y el valor del día de clase.
Con relación a otros temas, desde que asumimos decidimos implementar una política más intensa de Educación Sexual Integral, creando una Dirección específica; una política de distribución de libros y tecnología y una atención especial sobre las poblaciones vulnerables con la creación de Centros Socioeducativos y Comunitarios. Inauguramos obras de infraestructura que se habían discontinuado durante la pandemia, 261 nuevos edificios a la fecha, y además construimos 1.250 aulas nuevas y miles de obras en toda la Provincia.
—Claro, recuerdo que al salir de la pandemia, que es cuando asumiste el cargo, se implementaron acciones muy fuertes para la revinculación. No me refiero solo a que las chicas y los chicos volvieran a la presencialidad, sino también a fortalecer e intensificar aprendizajes no alcanzados en la virtualidad. ¿Podrías enlazar la situación actual con lo que vos pensás que se originó en aquel período? Y en términos de revinculación ¿qué te parece que faltó, qué crees que falta, y qué consideras que se logró?
—Llevamos adelante un programa para la intensificación de la enseñanza. Es sabido que la educación bonaerense y la Argentina en general debe mejorar sus resultados educativos, es una deuda que es necesario encarar y asumir.
A veces, con dificultades para abordar esos problemas, porque el sistema educativo tiende a resolver problemas secundarios y no abordar los que son centrales de la educación como son la discontinuidad pedagógica y los aprendizajes.
Yo digo que tenemos una agenda “sencilla” que nos impone la comunidad cuando recorremos el territorio y las escuelas: nos dicen “que mis hijas e hijos tengan clases todos los días y que aprendan más”. Es un mandato franco, que se basa en la observación de los resultados educativos y en la reflexión de pedagogos y especialistas.
En los últimos años se ha derribado el mito de que no hay clases por los paros docentes. La provincia de Buenos Aires lleva más de seis años sin conflictos gremiales, más allá de alguna medida aislada, y aún persisten las dificultades de lograr una plena continuidad pedagógica. Porque la discontinuidad es, fundamentalmente, producto de la ausencia de las y los docentes. Una ausencia mucho más intensa de lo que la media natural indicaría como aceptable. Y en estos tiempos se ha añadido, como decía anteriormente, el ausentismo de niñas y niños en los Niveles Inicial y Primario. Siempre podemos explicar las causas: estudiantes que deben cuidar a sus hermanas y hermanos más pequeñas y pequeños, o la circunstancia de que en los barrios populares, después de las lluvias, es difícil llegar a las escuelas. Son cuestiones entendibles, pero resulta imperioso resolverlas porque dañan la credibilidad de la escuela pública.
Por supuesto la discontinuidad, tiene relación con los aprendizajes. Es evidente que las y los estudiantes que más inasistencias tienen son los que obtienen peores rendimientos. Es necesario promover abordajes tempranos en el Nivel Inicial y en el Nivel Primario con acciones para mejorar los aprendizajes. Queremos que las chicas y los chicos tengan el derecho de leer y escribir en el tiempo en que deben lograrlo y salir del Nivel Secundario con una formación sólida que les permita abordar el trabajo y los estudios superiores. Lo que nos muestra la última prueba Aprender para el Secundario es que debemos seguir esforzándonos mucho. La pobreza no es la única explicación, pero es un obstáculo evidente.
La provincia de Buenos Aires tiene 18 millones de habitantes, el 70% de los cuales viven en el 5% de su territorio, lo que representa una sobrepoblación vulnerable, a la que le cuesta mucho más llegar a los derechos educativos plenos.
—Y en este último año y medio luego del cambio de gobierno a nivel nacional, donde claramente las condiciones económicas y sociales para la población evidencian un desmejoramiento importante, ¿creés que esto está afectando sustantivamente, por ejemplo, la asistencia a la escuela o las posibilidades de dedicarse a estudiar? Es decir, ¿cómo se contrarresta desde la Provincia este golpe duro que estamos viviendo en la sociedad en términos educativos?
—Por supuesto, la educación no es independiente del regresivo contexto social y económico por el que está atravesando el País en este último tiempo. Sin embargo, no se debe responsabilizar a esta gestión de gobierno por los resultados educativos; no sería ético, ni sería verdad. Más allá de eso, se empiezan a notar cada vez más carencias en los sectores más vulnerables, que se traducen en distanciamiento de la escuela, desvínculo e intermitencia educativa. También se ve en la falta de elementos para estudiar, ya que el gobierno nacional ha dejado de distribuir libros y tecnología. Hace pocos días presentamos una encuesta con UNICEF que muestra que las chicas y los chicos llegan a tener celulares propios en un promedio de nueve años y medio de edad. Eso es otro tema, la relación con la tecnología. Voy a esto: nueve de cada diez chicos de clase media -o no pobres- tienen computadora en su hogar. En los sectores más pobres, la proporción es de tres de cada diez. La distribución de tecnología, que era una de las tareas del Ministerio de Educación de la Nación, con estos datos se revela como un factor importante en los aprendizajes. Y no lo digo con nostalgia respecto de Conectar Igualdad, porque habría que probar con estrategias diferentes a las que se hicieron entre 2010 y 2015. Lo que quiero decir, es que por supuesto advertimos la ausencia y deserción del Estado nacional, que sostiene un proyecto político agresivo con los sectores más vulnerables y que ha decidido abandonar totalmente sus obligaciones educativas. Eso no es opinable, es objetivo, se ve en las acciones, el gobierno nacional está incumpliendo las leyes que le imponen responsabilidades.
Una de sus primeras medidas fue dejar de pagar el incentivo a las y los docentes. Hoy, el Fondo de Incentivo docente para un cargo sería de 130 o 140 mil pesos, lo que elevaría sustantivamente el salario de las y los docentes que tienen dos cargos.
No hay distribución de material, ni hay construcción de escuelas. En la provincia de Buenos Aires hay mil obras paralizadas por el gobierno nacional, ochenta de las cuales son escuelas.
Todas estas dificultades no han impedido que hayamos hecho en este tiempo cambios muy importantes en los diversos niveles y modalidades. Los logros que podemos exhibir son más que ladrillos e infraestructura. Ha cambiado el Diseño Curricular de la Educación Inicial, solo por mencionar un ejemplo en tal sentido, con el consenso de toda la comunidad y estamos trabajando en los Diseños Curriculares de los Jardines Maternales.
Hemos pasado del 30% de niñas y niños de primaria con más de cuatro horas de clase, al 70% en la actualidad. La mayoría con una hora más, cinco horas de actividad diaria, otras y otros con jornada completa.
No desconocemos que aún tenemos que superar problemas organizativos, pero en general hay satisfacción por ese tiempo que se añade, y más temprano que tarde se empezarán a ver los efectos. Más tiempo de clase, bien utilizados inevitablemente deben tener como consecuencia mejores resultados.
También hemos implementado un nuevo Régimen Académico para el Nivel Secundario, mal presentado por la comodidad intelectual y el prejuicio de algunos sectores, que lo traducen como “se acabó la repitencia”. Eso es parcial y falso. El diseño curricular del Nivel Secundario de la provincia de Buenos Aires tiene más de 80 carillas; no se trata solo de eliminar la repitencia, es un trabajo de mucha preparación, hecho a conciencia, de mayor acompañamiento a las y los estudiantes. Estamos incorporando ahora 600 docentes que van a mirar más de cerca las trayectorias estudiantiles.
También comenzamos a trabajar con los nuevos Diseños Curriculares del Nivel Secundario y en Concursos de Titularización de cargos jerárquicos. La estabilidad de directores y vicedirectores mejora los resultados en las escuelas, porque la excesiva rotación y el poco tiempo de ejercicio impiden construir un rumbo de mejora institucional. También se implementan experiencias de concentración horaria en algunos distritos a modo de prueba para extenderlo a toda
la Provincia.
En el Nivel Superior hemos reformulado ocho Profesorados: Historia, Geografía, Filosofía, Ciencia Política, Economía, Biología, Física y Química, y se ha aprobado un nuevo Régimen Académico Marco. Hay nuevos diseños curriculares en Educación de Adultos y en Educación Especial, la creación de 215 Centros Socioeducativos y Comunitarios en barrios populares de 28 distritos y la Coordinación de Políticas de Memoria y Derechos Humanos.
Hemos lanzado varias bibliotecas, de Educación Sexual Integral, Derechos Humanos y Educación Especial y en los próximos días presentaremos una Biblioteca de libros científicos. En breve también, tendremos el orgullo de presentar un libro con una selección de textos pedagógicos del querido Papa Francisco, que va a distribuirse en todas las escuelas.
—Claramente, por lo que contás y por lo que conocemos de las políticas en la Provincia, no se le escapa a los desafíos de seguir trabajando por el derecho a la educación y por una resistencia a las políticas de restauración conservadora que vienen con fuertes embates. En ese sentido, yo pensaba: ¿tiene que haber un convencimiento muy fuerte todavía o una mística sobre la capacidad o el carácter transformador de la educación para un mundo mejor, para un mundo más justo, o esto quedó como un ideal?
—No, ¿cómo va a quedar como un ideal? Creo que la discusión sobre algunos libros de nuestra colección de Identidades Bonaerenses del año pasado fue una de las discusiones políticopedagógicas culturales más significativas de la Argentina. Forman parte de lo que podemos denominar “políticas de la subjetividad”, asumir temas complejos como los concernientes a Memoria o Educación Sexual no solo exige versación técnica, sino el convencimiento subjetivo de quien lleva adelante esa transmisión pedagógica. Nosotras y nosotros somos 400.000 docentes y yo tengo prejuicios positivos sobre sus conductas. Si construyéramos nuestra gestión dudando de ellas y ellos, no podríamos sostenerla. Sabemos que hay “vivos” que andan con el Estatuto del Docente bajo el brazo a ver qué ventaja pueden sacarle a las normas. Pero pienso que la gran mayoría son bien intencionadas e intencionados, comprometidas y comprometidos y entienden la educación como una herramienta de transformación del mundo.
Por supuesto que hay que seguir insistiendo. Eso a veces es complejo porque también hay mucho miedo. La ultraderecha infunde miedo. Cada tanto vemos escenas en las escuelas, sobre todo en lugares más conservadores de la Provincia: “Con mis hijos no te metas”, “no quiero que entren determinados contenidos”, etc. Son avances a la libertad de enseñanza, que quieren provocar la autocensura de las y los docentes; algunas y algunos nos dicen “tales temas no quiero tratarlos más porque me traen problemas con algunas familias”. Más allá de entender todas las opiniones, creemos que hay que persistir, hay que explicar mucho a la comunidad; no somos provocadoras ni provocadores, somos educadoras y educadores que deben explicar el mundo. Eso no es gratis, trae discusiones.
Las familias son un actor que deben estar más cerca de las escuelas; las tenemos que convocar mucho más para discutir, para pensar con ellas las cuestiones que les preocupan para mejorar y debemos discutir con ellas nuestras decisiones.
—Para continuar, me gustaría abordar un tema que es central en el Dossier de este año de la revista Anales: la conmemoración de los 150 años de la Ley Provincial de Educación. En este contexto, ¿cuál es tu lectura de esa etapa fundacional para la educación bonaerense? Y si pudieras establecer algún vínculo, ya que mencionaste Identidades Bonaerenses, un aspecto tan importante en tu gestión, ¿qué reflexiones podrías compartir al respecto?
—Me surge inevitablemente, y lo celebro, a Domingo Faustino Sarmiento. En 1856, hace 169 años se creaba el Departamento de Escuelas presidido nada menos que por él. Es un dato de la realidad extraordinario. Dos años después, otra Ley de su inspiración -la n° 200- incorpora por primera vez, fondos específicos para la construcción de escuelas. Y eso nos lleva a la Ley n° 988 de 1875, cuando estaba el Presidente Nicolás Avellaneda y Sarmiento era Director General de Escuelas. El proyecto lo presenta Antonio Malaver, un hombre muy importante en la historia de nuestra Provincia. Luego lo acompañaron Rafael Hernández, Luis Saénz Peña y Miguel Cané. Una Ley que es anticipatoria de la 1.420. ¿Cómo no va a ser importante?
Yo transmito eso cada vez que puedo, porque tiene que estar ese ADN en la mochila de cada educadora y educador bonaerense. Esa es nuestra tradición político pedagógica: la primera Ley de Educación Común de la Argentina, de 1875, con la figura del Director General, con autoridades colegiadas, para una Provincia que ya era muy extensa, por eso incluye los Consejos de Distrito. En otra época el “campo popular” discutió con Sarmiento y esa querella creo que forma parte del pasado. Más allá de otros aspectos discutibles de su personalidad, creemos que no se puede soslayar la figura de quien construyó el sistema educativo moderno en la Argentina; nuestro sistema educativo bonaerense proviene de allí.
Sarmiento, en algún sentido, construye el concepto moderno de infancia y eso también está presente en la Ley. Inaugura el concepto de que el niño debe ser un alumno y eso no era de ese modo antes que él. Esa es la gran importancia de nuestra Ley de 1875, ya que impone una mirada nueva de la sociedad.
Es inevitable confrontarla con el contexto actual. Aquella Ley era de educación común y obligatoria, ampliaba derechos. Por supuesto, las mujeres aún eran personas excluidas; inaceptable, pero es necesario ponerlo en el contexto del tiempo que estamos analizando, 170 años atrás. Una Ley que habla de la educación como derecho, concepto que en la actualidad está en entredicho. La derecha extrema discute el derecho a la educación. Resuena aquella pregunta: “¿Por qué el padre tiene la obligación de mandar a los chicos a la escuela?” Todos escuchamos esa aberración.
Me lleva a otra reflexión, la de las dos argentinas; ahora la llamamos grieta, pero en otra época era denominada de otra manera. Modos distintos de mirar la sociedad y el País en lo político, en lo cultural, en lo económico. La Ley en algún sentido recupera la mejor tradición política argentina de principios del siglo XIX. El pionero en referirse a la educación como variable en la construcción de un Estado moderno y motor del desarrollo fue Manuel Belgrano, en un artículo del Correo de Comercio del 17 de marzo de 1810, que se llama “Educación”. En una época en que la riqueza y el valor de las naciones lo constituía su poderío militar o su industria y agricultura, Belgrano sacude la modorra y afirma que una nación grande tiene que tener buena educación. Nuestra Ley de 1875 recoge la mejor tradición belgraniana y sarmientina. Somos hijas e hijos de esa enorme tradición.
—Sí, y vos lo dijiste hace un ratito, algo que me parece interesante: los Consejos Escolares. No solamente cómo piensan la educación, sino cómo conciben la organización de un sistema participativo, donde antes hablaste de las familias. Evidentemente, el germen de poder incluir a la sociedad para pensar la educación también está ahí, ¿no?
—Sí, la familia y la comunidad. Por supuesto. Cada vez se ve con más nitidez que, si bien no somos partidarios de municipalizar la educación, sí lo somos de que el municipio y los consejos escolares tengan cada vez más participación.
Esto se ve con claridad en la provincia de Buenos Aires, que tiene 306 mil kilómetros cuadrados de extensión; celebramos que gran cantidad de intendentas e intendentes de todo signo político, tomen a la educación como un tema de gestión propio. Siempre nos comparan con la Ciudad de Buenos Aires que tiene 200 kilómetros cuadrados. La provincia de Buenos Aires tiene tal magnitud, una singularidad tal que requiere de procesos de descentralización, a través de los Consejos Escolares, y la participación de la comunidad. Sería arbitrario pensar que puede conducirse un sistema educativo tan vasto desde la ciudad de La Plata, capital de la Provincia.
—Pensaba que incluso es una mirada contrapuesta a lo de los vouchers. No es participar individualmente, sino que es otro tipo de compromiso al que se apela cuando se genera esta participación, ¿no?
—Sí, por supuesto. Esa es otra discusión más moderna. ¿Cuál es hoy la tarea de la escuela? En esta sociedad nacional e internacional, la escuela tiene cada vez más una tarea de corte humanista. Hay una primera tarea indelegable, ya que es la única institución de la sociedad que debe transmitir conocimientos. Eso es innegociable. Vuelvo al principio de la charla, y reitero que respecto de esa responsabilidad, aún estamos en deuda.
Días pasados en un encuentro preguntaba ¿qué es una escuela moderna? Las respuestas siempre van para el lado de la tecnología, de la presencia de una segunda lengua, y por supuesto nos parecen respuestas correctas. Pero en un contexto en donde niñas, niños y jóvenes pasan seis horas diarias de promedio en las redes; o el paisaje reiterado de ingresar a un lugar público y ver a una familia completa, cada una y cada uno en el micromundo individual de su teléfono celular; o la constatación de que las niñas y los niños del Nivel Inicial llegan cada vez con menos aptitudes de lenguaje porque en sus casas les hablan poco, cada vez hay menos diálogo, y la vida moderna ha eliminado la convivencia con las abuelas y los abuelos que eran las y los contadores de historias, quienes hacían una pausa, se detenían y hablaban.
Entonces, en ese marco, quizá una escuela moderna sea una escuela humanista, que incorpore el diálogo, que se tome el tiempo para escuchar, que imponga pausas, que incorpore la necesidad del otro y enseñe a preferir la ley, el amor a la Patria, en suma, que ofrezca aquello que la sociedad nos ha quitado. Es claro, una escuela contracultural. Eso no es adoctrinamiento, es sentido común, es lo que la ética universal dice que se debe hacer.
Hemos quedado muy impactados con la muerte de Francisco. Te decía anteriormente que estamos por presentar un libro sobre su extraordinaria tarea pedagógica. Francisco hablaba de una pedagogía del oído, de la oreja: un gesto de reconocimiento al prójimo es detenerse a escuchar. Aquello que le dijo a las chicas y los chicos, que hagan lío, que se banalizó. Hacer lío no es portarse mal, es discutir el mundo, y eso tiene que hacer la escuela. Tener y ofrecer una matriz explicativa del mundo, en términos freireanos, explicar el mundo. Este mundo en el que 1.000 personas, 1.000 millonarios, tienen el equivalente a lo que posee el 56% de la población mundial, es un mundo desquiciado, y esa denuncia debe hacerla la escuela.
—Dado que mencionaste al Papa Francisco, el concepto de “casa común” podría aplicarse perfectamente a la escuela como un lugar de encuentro. Existe una tensión entre hacer comunidad y el uso individual del celular. ¿Cómo se relaciona esto con lo que hablamos al principio sobre la salud mental?
—Sí, claro que tiene una relación. Richard Sennett hablaba del “nosotros” como pronombre maldito, y la escuela tiene que construir el “nosotras y nosotros”. Lo decimos con frecuencia, puede ser discutible, creemos que la escuela tiene un umbral ético más alto que la sociedad, la escuela es mejor que la sociedad. Porque en la escuela no hay persecución, no te preguntan de dónde sos y qué pensás o qué identidad sexual tenés, no hay una sola maestra o un solo maestro que invite a devolver una agresión. Las educadoras y los educadores ven lo que la sociedad no quiere ver: la herida física, el dolor de un niño o la tristeza infinita de una niña, no visto por nadie más. Lo primero es el aprendizaje, porque hay un derecho a aprender, pero también el valor de la verdad, del encuentro, del vínculo, del respeto, de la paz, todo eso debe garantizarlo la escuela.
—Para finalizar, y dado lo ameno de nuestra conversación, ¿podrías sintetizar en una frase o idea aquello de tu gestión que te produzca mayor alegría o emoción al recordar que sucedió?
—Tuve el inmenso privilegio de trabajar con una Presidenta y un Gobernador que jamás fingieron interés por la educación, sino que les apasiona e interesa de verdad, por eso las políticas desarrolladas. Mi tarea anterior en el Ministerio
de Educación de la Nación me brindaba una dimensión más amplia, pero a la vez, tenía menos contacto directo con las escuelas. En este regreso a nuestra querida Provincia he recuperado la cercanía con las instituciones y sobre todo con sus protagonistas. Destaco simplemente eso, el valor de la escuela. Voy a las escuelas bonaerenses, en muchas no me esperan, y observo que hay mucho trabajo y compromiso. El de las maestras, de los maestros, de las profesoras y los profesores, auxiliares, administrativos, estudiantes. Veo con el amor que hacen el mate cocido, enseñan, cuidan. Esas cosas ocurren diariamente y son invisibles, hay mucha belleza en la escuela bonaerense, hay mucho esfuerzo y amor. Tenemos que seguir mejorando y el Estado tiene una tarea en eso. Hay que trasmitirles mucha confianza a las educadoras y los educadores.
—Hay esperanza entonces, Alberto.
—Si la escuela no puede invitar a la esperanza y al futuro, estamos perdidos. Yo creo que sí, la escuela todos los días te propone levantarnos y luchar por un mundo más justo, más igualitario.
Anales de la Educación Común, 2025, Volumen 6, N° 1-2 | I. Sverdlick |
Entrevista a Alberto Sileoni | pp. 169 a 178