Margarita Pierini

Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Política, Educación y Producciones Culturales, Universidad Nacional de Quilmes.

Juana Manso. Compendio de una historia de pensamiento y acción

"Hablar de mí misma es una triste tarea".

Juana Manso (1852)

Dos días después del fallecimiento de Juana Manso, aquel sábado 24 de abril de 1875, el periódico La Unión Argentina publicaba una extensa y elogiosa necrología que destacaba los perfiles más reconocidos por sus contemporáneos:

Poetisa, viajera, educacionista, escritora, bajo todas las formas, ella produjo para el teatro como para la prensa trabajos de todo género, y con la misma facilidad que dictaba a sus discípulas un curso de historia, abordaba las más arduas cuestiones filosóficas o sociales, coadyuvando con su palabra y con su pluma, como incansable educacionista, a la obra de la redención de la mujer, en la ignorancia en que yacía (La Unión Argentina, 25-26 de abril de 1875).

150 años después la imagen que perdura de ella pone de relieve otros aspectos para homenajearla; y en el transcurso del tiempo vemos cómo se han diluido, o directamente olvidado, muchos de los rasgos que la hacían digna de reconocimiento en su época. Habría mucho para reflexionar sobre la manera como una sociedad elige sus figuras representativas, y de qué modo opera el discurso de la Historia para seleccionar algunos rasgos que deberán tener una función ejemplificadora. Así, gran parte de la bibliografía en torno a Juana Manso va a abocarse a analizar su actividad como educadora, haciendo omisión del contexto en el que se desarrolló su vida y a las múltiples facetas de su incansable trayectoria.

Este año de homenajes parece una buena ocasión para tratar de reponer un perfil más complejo, más plural de Juana Manso. Tarea no siempre sencilla, frente a una biografía hecha de silencios, con espacios y periodos de tiempo sin datos precisos, como bien saben quienes se acercan a intentar reconstruirla.

Repasemos los datos más conocidos: nace en Buenos Aires en 1819, de padre español y madre criolla. A los 20 años se traslada a Montevideo con su familia, junto con otros unitarios opositores al gobierno de Juan Manuel de Rosas. Como sucede con muchos de sus contemporáneos, las lides de la política llevarán a la familia a alejarse de su lugar de origen, primero a Montevideo y después a Brasil, que será una segunda y generosa patria para Juana. El padre, agrimensor, había participado de los proyectos de Rivadavia sobre la obra pública, y mantuvo su amistad con el expresidente durante su exilio en Río de Janeiro. Juana recordará las palabras de elogio de don Bernardino para su precoz inteligencia, y sus recomendaciones:

Allí [en su casa de Río de Janeiro] estuvo dos veces el Sr. Rivadavia, la segunda vez subió a mi aula de estudio en el segundo piso; examinó mis libros, mis papeles. –Que estudie esta niña –dijo a mi padre) (citado en Velasco y Arias, 1937, p. 371).1

Algo que deberá hacer de modo autodidacta, como era el destino de las mujeres de su tiempo. La formación que recibe de su padre la estimula para continuar su educación, que incluye el estudio de idiomas, entre ellos el inglés, que le será de gran utilidad en su estancia en Estados Unidos, y el italiano. También, por supuesto, el francés, la lengua obligada de los intelectuales y de los salones que para Juana será además el camino para iniciarse en las letras:

Hice mis primeras armas en la literatura con dos traducciones del francés, una a los 13 y otra a los 14 años. Mi padre las hizo imprimir a su costa –eran sus títulos: 1. El Egoísmo y la Amistad, 1833; 2. Mavrogenia o la Heroína de la Grecia, 1834 (Anales, 1868, pp. 216-217).

En Montevideo, Juana comienza a publicar poesías en los periódicos que abren sus páginas a los jóvenes emigrados (Mitre, Mármol, y la figura tutelar de Echeverría).2 Sin embargo, como bien se ha observado, no integra el grupo que va a marcar una época en el pensamiento y en las letras argentinas. A pesar de compartir edad, orígenes familiares, formación, filiación política, creaciones literarias, además de su amistad con algunos jóvenes compañeros de exilio en Montevideo, ella no va a ser considerada para formar parte de la Generación del 37. Hace tiempo, Liliana Zucotti, con su habitual agudeza, señaló “la falta de figuras femeninas –ni aun secundarias– en el perfil del grupo”, y destacó como paradigmático el caso de Juana Manso:

Su edad, la experiencia de un largo exilio, la sitúan, sin duda, junto a la “joven generación” del 37. Pero si el estudio, la confraternidad con los jóvenes escritores, el ensayo de una escritura poética, el uso de la prensa, el trabajo como maestra, colocan a Juana Manso como una supuesta interlocutora “ideal” para los escritores de esta generación, es sobre su figura donde mejor podrán leerse los límites de la prédica liberal en “la cuestión de las mujeres” (Zucotti, 1998, p. 378).

Montevideo es para Juana un lugar de iniciación: como poeta, y también como docente. Dada su juventud, la escuela que inaugura se anuncia en el prospecto de El Nacional bajo el nombre de una figura que inspire respeto: la Sra. Manso. Los contenidos que se enuncian son los que las familias esperan para dar una formación básica a sus hijas:

Aviso a los padres de familia: Bajo la respetabilidad de mi señora madre, tengo el honor de anunciar a las madres de familia que en todo este mes de abril [de 1841] se abrirá una casa de educación en mi casa, calle de San Pedro N. 246. […] La enseñanza general será, después de las nociones ya enunciadas [geografía, Historia sagrada y profana], lectura, aritmética, doctrina cristiana, labores de manos de todas clases y un gran cuidado en las maneras de las señoritas, y lecciones de moral. […] Las personas que quieran distinguirme con su confianza pueden por ellas mismas examinar lo que hay escrito del método y algunas otras frioleras de las que se enseñarán. Por mi señora madre– Juana Paula Manso (citado en Velasco y Arias, 1937, pp. 337-338).

Nuevos avatares de los conflictos políticos del Río de la Plata llevan a la familia a exiliarse en Río de Janeiro, un lugar que será determinante en la vida y en la obra de Manso. En Río conoce a un joven violinista portugués, Francisco de Noronha, con quien se casa pocos meses más tarde (1844) y al que acompaña en sus giras, primero por el norte del país (Bahía, Pernambuco) y luego, alentados y seducidos por las promesas del cónsul norteamericano, en su viaje a los Estados Unidos. En abril de 1846 la pareja desembarca en Filadelfia, más adelante se traslada a Nueva York y, un año y medio después, arruinados y sin esperanzas de un cambio de fortuna, se embarcan para Cuba, donde viven un año, este sí lleno de triunfos y al parecer, de algunos logros económicos. A finales de 1848 regresan a Río de Janeiro, con las dos niñas nacidas durante el viaje: Eulalia, que nace en Nueva York, y Erminia, nacida en La Habana. Poco después la pareja se separa, y Juana mantiene a la familia con sus trabajos periodísticos, como docente y como escritora de dramas y novelas.

Pero volvamos al recuerdo de sus contemporáneos. Continúa la nota necrológica:

Aleccionada desde muy niña por la desgracia, el huracán de la revolución que destrozó su hogar la llevó bien lejos de su patria donde tuvo que amasar con su trabajo el amargo pan del desterrado, primero bajo el techo paterno, después en el nuevo hogar que ella se forjaba en playas extranjeras y bien pronto siendo el sostén y único apoyo de su anciana madre, de sus tiernas hijas, por quienes hasta los últimos días de su vida robaba horas al reposo para asegurarles el sustento (La Unión Argentina, 25-26 de abril de 1875).

A lo largo de dos décadas, entonces, entre sus 20 y 40 años, la historia de Juana Manso transcurre entre distintas geografías: desde el exilio en Montevideo (1840) hasta su regreso definitivo a Buenos Aires (1859), la peregrina recorre varios países. Sobre tres de ellos (Brasil, Estados Unidos, Cuba) escribe notas de viaje que publica en distintas revistas. Un viaje que deja marcas en su vida: sus dos hijas nacen lejos de su país –el propio y el de adopción–.

En Brasil, adonde regresa con su familia en 1848, va a desarrollar distintas tareas. Como ya señalamos, se ve obligada a convertirse en cabeza de familia, por la muerte de su padre y la separación de su marido; y es en estos años cuando pondrá en práctica todas sus capacidades para la creación y para la organización. En atención a las nuevas sensibilidades y a la creciente alfabetización de las mujeres de lo que hoy se llamarían clases medias, se le confía la publicación de una revista semanal, O Jornal das Senhoras, que la tendrá como Directora durante el primer semestre de 1852. Allí se combinan lo útil y lo agradable, siguiendo el precepto clásico, y se suceden crónicas de viaje y relatos costumbristas con comentarios sobre las modas de París, partituras musicales y reflexiones sobre temas filosóficos.

En el Jornal se inicia también la publicación de su novela más famosa, a la que titula Los Misterios del Plata en homenaje a Eugenio Sue, el maestro del folletín con sus Misterios de Paris.3 Asume con decisión su lugar de escritora (femme auteur), consciente de que es algo excepcional en su país de acogida, lo mismo que en su patria. (Y, vale recordarlo, también en Europa en esos años). Así se presenta en el primer número del Jornal: Quién soy. Mis propósitos. Hablar de mí misma es una triste tarea […] Pero en fin, ¿quién soy? Una mujer escritora; además dirigiendo un periódico; mucha gente se preguntará: ¿Quién es ella? Femme auteur –como dicen los franceses– (Jornal das Senhoras, n° 1, 11 de enero 1852).

También escribe para el teatro. Es autora del libreto de un oratorio con música de su padre; y en Río se representan sus zarzuelas Esmeralda y Elvira la Saboyarda, con música de Noronha. En 1853 el Jornal anuncia para el 31 de mayo la representación de su drama sobre Rosas y ofrece su contenido:

Subirá a scena, pela primeira vez, o drama historico original da Sra. D. Joanna Paula Manso de Noronha, em seis quadros e um epílogo —O DITADOR ROSAS E A MASHORCA. Denominação dos quadros—
1.° O noivado, 2º O ultimo adeus , 3ª Rosas e Coutinho, 4.° A pobre mãi, 5ª O botequim da federação, 6º A mulher de Agostinho; 7º Três annos depois. O quadro final é um esboço da historia comtemporanea. A scena é passada em Buenos-Ayres (Jornal das Senhoras n° 21, 22 de mayo de 1853).

Como muchos otros exiliados, Juana emprende el regreso a Buenos Aires un año después de la caída de Rosas, a mediados de 1853. Aquí busca reanudar su actividad como editora, y funda el Álbum de señoritas. Periódico de literatura, modas, bellas artes y teatros, que solo tendrá ocho números, en enero y febrero de 1854. Sin un lugar donde insertarse en Buenos Aires, vuelve a Río de Janeiro, donde ya había formado un ámbito de trabajo y reconocimiento. Pero pocos años después las dificultades económicas y familiares la impulsan a pedir la ayuda de sus amigos José Mármol y Bartolomé Mitre, para poder regresar a Buenos Aires, lo cual puede concretar finalmente, en 1859, durante el mandato del gobernador Valentín Alsina (cuya historia había ficcionalizado en su novela Los Misterios del Plata).

En este regreso, que será el definitivo, queda atrás su vocación poética –entendida en el sentido más amplio: como creadora de una obra literaria, narrativa, lírica, emotiva y llena de imaginación. Sarmiento la requiere para la obra de educación que está iniciando, primero como Director de Escuelas, y después como Presidente de la República (1868). A Juana le confía la dirección de la primera escuela graduada para ambos sexos –que no podrá resistir mucho tiempo los embates de la oposición– y la dirección de los Anales de la Educación Común, cuando vuelven a aparecer después de un intervalo de silencio, y que estarán a cargo de Juana hasta su muerte. Años después, en una carta que le escribe Sarmiento desde Lima, en viaje a Estados Unidos (10-4-1865) le recuerda aquellos difíciles momentos de su retorno –y de paso, el gesto magnánimo con que la han acogido:

Cuando leo a esta distancia sus escritos sobre educación [...] recuerdo el día en que la poetisa de las márgenes del Plata, la escritora que representa en nuestras letras el pensamiento de nuestro bello sexo, pedía un modesto rincón en la enseñanza pública, y a fin de no dar a la mujer instruida y desgraciada con las puertas de la patria en el rostro, se lo inventamos Mitre y yo, en la creación de la escuela número 1 para ambos sexos.

Siguiendo la guía de su maestro, que se enorgullece de haber encaminado su vocación, se dedicará a la docencia en sus distintas facetas: al frente de cursos escolares, integrando –la única mujer– el Consejo de Instrucción Pública, escribiendo un manual de Historia para las escuelas que tendrá numerosas reediciones (el Compendio de historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde su descubrimiento hasta 1816). Para Sarmiento, Manso, convertida en su discípula, comparte tanto sus ideales como sus sentimientos, y se siente autorizado para interpretarlos:

En una carta que me escribió hace tiempo –le confía a su amiga norteamericana Mary Mann– [Juana] me cuenta su “conversión” […]: se lamentaba de haber malogrado su vida en hacer versos y componer novelas, jurando consagrar el resto de sus días a la grande obra [de la educación]. Su promesa la cumple con celo (Sarmiento, 1936).

Una renuncia a la creación literaria, que ella misma terminará por suscribir, no sin nostalgia: 

Para atenuar el hastío que suele visitarme en la inacción a que me reduce la costumbre, por pasatiempo reproduzco en folletín una novelita original de los tiempos en que yo escribía dramas y novelas en el Brasil por el año 52 (citado en Velasco y Arias, 1937, p. 329), cursivas nuestras.

Y recordando un momento vivido en ese país: “Ese día yo trazaba, así sin querer, algunas líneas, estaba triste, he ahí lo que yo escribía (en ese tiempo aún tenía la pretensión de hacer versos)” (Álbum de Señoritas, n° 3, 15 de enero de 1854, p. 23), cursivas nuestras.

Lo cierto es que en los 15 años que van desde su regreso definitivo a la Argentina hasta su fallecimiento en 1875, su actividad estará volcada casi exclusivamente hacia la educación. El escaso interés que parecen haber despertado las dos revistas femeninas que crean con Eduarda Mansilla, en 1864 (La flor del aire y La siempreviva) no resultan un aliciente para recuperar su vocación de escritora. Tampoco va a continuar su actividad de viajera; en estos años porteños, sus traslados son solo para dar conferencias en Quilmes y Chivilcoy, donde inaugura una biblioteca; y para acudir a su modesta quinta de fin de semana en Belgrano.

Entre los elogios que se le tributan al morir, se la destaca, como veíamos, como incansable educacionista, dedicada a la obra de la redención de la mujer. Pero no sin dificultades. Su labor docente va a despertar sostenidas críticas. Como señala Rosana López Rodríguez:

Las actividades de Juana Manso fueron muy resistidas. Sus conferencias para maestras fueron abucheadas y boicoteadas por sus propuestas liberales y de cuño anticlerical. Las reacciones que generaron las conferencias públicas de Manso fueron de una violencia e irritación inusitadas: apedreo a cascotazos, pedido de silencio sobre cuestiones religiosas, acusaciones de herejía. Entre otros, Enrique de Santa Olalla, influyente pedagogo español radicado en Buenos Aires, le escribió una carta en la que la acusó directamente de loca (2006).

Manso no duda en responder a esos ataques con una poderosa argumentación y su habitual estilo sarcástico; lo cual, paradójicamente -o no- le vale los prudentes consejos de su maestro Sarmiento, desde Nueva York (15-10-67): “Baje ud. la voz en sus discursos y sus escritos”.

En el orden de la política, Manso será una importante promotora de la candidatura presidencial del sanjuanino. Durante su estadía como diplomático en los Estados Unidos, ella lo reemplaza en la dirección de los Anales; y se multiplica en escritos y conferencias para apoyarlo, hasta su regreso a Buenos Aires donde asumirá el cargo de presidente (1868) en plena Guerra del Paraguay.

Una guerra en la que Manso toma partido decididamente a favor de la Triple Alianza. Sus cartas a Bartolomé Mitre, su amigo y protector, revelan la adhesión fervorosa que comparte con quienes asocian al Mariscal López con Juan Manuel de Rosas y sostienen la necesidad de destruir todo rastro de barbarie en el país vecino, sede del mal, el atraso, la ignorancia. Esa construcción va más allá del enfrentamiento bélico para insertarse en el plano de lo ético, contraponiendo los amigos del bien con los que se solazan en el mal. Le escribe Juana en 1867, al regresar Mitre de su breve incursión en el campo de batalla:

Yo he hecho la guerra a los paraguayos del espíritu aquí, con más o menos éxito, parece que hoy hay algún movimiento más, pero a mí me han aislado de un modo cruel, no obstante, sé sufrir y tengo aquella firmeza que consuela, pensando en el juicio póstumo; cuando tenemos la convicción que la verdad, la justicia y el derecho están de nuestra parte; sobre todo cuando la intención es pura, la angustia de ver obscurecida la verdad se estrella en la serenidad de la inocencia. Este es el secreto de la fuerza, un espíritu templado en la verdad y un corazón noble capaz de amarla (Carta del 17/3/1867).4

Para terminar

Muchos otros aspectos de la vida de Juana Manso, tanto en el ámbito familiar como político, quedan por recordar aquí, pero excederían los límites de este trabajo.

Este año de conmemoraciones, donde se la estudia en congresos, foros y artículos que iluminan muchas de las facetas aún poco conocidas de su personalidad y de su trayectoria, podría ser el momento propicio para llevar adelante nuevos proyectos. Sería importante, por un lado, profundizar una investigación en diálogo con colegas del Brasil, el país que fue una segunda patria para Manso, donde vivió más de diez años, donde se inició como periodista, dramaturga y novelista. Y, en segundo lugar, una tarea de largo aliento: recopilar todos sus escritos, publicados –y dispersos– en Montevideo, Río de Janeiro y Buenos Aires. Para seguir escuchando la voz de esta mujer que muchas veces tuvo que guardar silencio.

Obras de Juana Manso

Manso, J. P. (1834). El egoísmo y la amistad o los efectos del orgullo. Novela traducida del francés por una joven argentina. Montevideo, Imprenta de los Amigos.

Manso de Noronha, J. P. (1852). “Quem eu sou e os meus propósitos”, O Jornal das Senhoras, n° 1, pp. 11-12.

Manso, J. P. (1854). Álbum de señoritas. Periódico de literatura, modas, bellas artes y teatros. Buenos Aires (1/1/1854-17/2/1854).

Manso, J. P. (1854). “Recuerdos de viaje”. En La Ilustración Argentina, 2ª época. n° 4.

Manso, J. P. (dir.) (1862-1875). Anales de la Educación Común. Buenos Aires.

Manso, J. P. (s./f.). Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde su descubrimiento hasta el año 1874, 9ª ed. notablemente corregida en que se ha extendido la historia hasta el año de 1881. Buenos Aires, Ángel Estrada.

Manso, J. P. (1924). Los misterios del Plata. Episodios históricos de la época de Rosas escritos en 1846, ed. prologada y corregida por Ricardo López Muñiz. Buenos Aires.

Referencias Bibliográficas

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  1. 1 Este fragmento citado por María Velasco y Arias en su libro de 1937 apareció en “Recuerdos del Brasil”, publicado en El Inválido Argentino.

  2. 2 En El Nacional Manso publica su primer poema, “La mujer poeta” (30-X-41); luego “Recuerdos de Infancia” (poema).

  3. 3 En 1868 ofrece una nueva versión de los Misterios del Plata; pero el final anticipado del Inválido Argentino, donde se publicaba como folletín bajo el título de Guerras civiles del Río de la Plata, provoca también la prematura conclusión de la novela, que –varias veces reescrita, intervenida y reformulada– hasta la fecha no ha alcanzado una versión autorizada y definitiva.

  4. 4 La carta se encuentra en el Archivo del Museo Mitre. Cursivas de la autora.


Anales de la Educación Común, 2025, Volumen 6, N° 1-2 | M. Pierini |
Juana Manso. Compendio de una historia de pensamiento y acción | pp. 160 a 168