Subsecretaría de Educación,
Dirección General de Cultura y Educación.
“Se conoce para vivir y no por el puro hecho de conocer”
Rodolfo Kusch
Desde el comienzo de la gestión del gobernador Axel Kicillof, se ha tomado la decisión de considerar las políticas educativas como prioritarias. La inversión en las áreas del Estado tiene estrecha relación con la importancia que ello tiene en el marco del plan de acción del gobierno. Por esto, las medidas asumidas hasta la actualidad resultan necesarias, elocuentes y significativas, aunque no suficientes. Es decir, que aun cuando se han realizado obras de infraestructura que permitieron inaugurar instituciones educativas, se han llevado a cabo grandes esfuerzos en materia salarial, se ha ampliado la jornada completa e implementado la quinta hora en el Nivel Primario, se han desarrollado mayores intensificaciones y acompañamientos en el marco del nuevo régimen académico del Nivel Secundario; tenemos una sociedad que está mirando con mucha atención lo que sucede en materia educativa en la Provincia y, por ello, debemos redoblar nuestros esfuerzos si queremos reponer la promesa de ascenso social que significó la educación para la sociedad argentina.
En este contexto, desde la Dirección General, asumimos el compromiso de conocer la realidad para transformarla, y en tal sentido, buscamos elaborar un sistema de información preciso, dinámico y efectivo que permita cuantificar para que los diagnósticos que se realicen estén a la altura de los problemas emergentes. De este modo, el dato se vuelve un hecho político, es decir, una cuestión que merece ser abordada si buscamos mejorar no solo las condiciones bajo las cuales suceden las prácticas educativas, sino especialmente, los resultados relacionados con la enseñanza y el aprendizaje.
En el último tiempo, las ciencias sociales y quienes estudian y diseñan políticas públicas, refieren la tendencia de que la implementación de estas sea “basadas en evidencias”. Complementariamente con esta visión, consideramos que estas evidencias deben estar acompañadas por una lectura política que permita tomar desde este marco teórico decisiones en materia educativa: por ejemplo frente a las necesidades del sistema universitario argentino, se puede decidir desfinanciarlo o proponer un proyecto de ley de inversión en las universidades. Misma evidencia, decisiones diametralmente opuestas.
En este sentido, a partir de los datos que construye la Dirección General y desde la convicción de que las Inspectoras y los Inspectores y las Supervisoras y los Supervisores son actores estratégicos en los territorios, se desarrollaron encuentros regionales y distritales, asumiendo un ejercicio que permita pensar sobre la corresponsabilidad en la construcción y en el uso de los datos. El objetivo es que las diversas instancias que conforman el sistema educativo de la Provincia se pongan en diálogo para que, en base a cifras y números, se pueda reflexionar de manera conjunta sobre las problemáticas asociadas a las dos cuestiones que son prioritarias para nuestra gestión: Más días de clase y más y mejores aprendizajes.
Por ello, estos encuentros apuntan a fortalecer el valor del dato, su difusión, su lectura y su utilidad para pensar el territorio, para determinar las insuficiencias, las carencias y precariedades, y otorgar respuestas comenzando con las que resultan más prioritarias. Asimismo, promueve el intercambio en información y abordajes entre regiones y distritos; lo cual repercute en el vínculo entre inspectoras e inspectores y supervisores con las escuelas; entre directoras y directores y docentes, y finalmente, entre docentes y estudiantes y en la trasmisión a las familias y a la comunidad educativa.
Es un ejercicio que permite detener la mirada, volver sobre las planificaciones, desnaturalizar escenas cotidianas que, por su repetición, parecen ser parte de lo que el sistema (re)produce, y dada su complejidad y acostumbramiento, no problematiza. Por ello, cuando el dato incomoda, es una oportunidad para asumir dificultades, escuchar silencios y registrar fragilidades y es, a su vez, un desafío para repensar proyectos institucionales y pedagógicos ordenando las demandas y las formas de resolver las urgencias que en materia educativa, tienen los territorios que conforman nuestra provincia.
En estos encuentros territoriales, con jefas y jefes regionales y distritales, la lectura de los datos permitió analizar las dificultades y los logros particulares de cada distrito, el contrapunto con las tendencias provinciales, poniendo en relación indicadores educativos, en este caso, relacionados con la asistencia de las y los estudiantes, las calificaciones y el ausentismo docente. Esta vinculación permitió advertir que la continuidad pedagógica es condición necesaria, aunque no suficiente para asegurar más aprendizajes. En una primera instancia, ello puede resultar obvio, o a lo mejor no resulta un hallazgo o novedad. Sin embargo, es preciso reconocer que no siempre se trata de relaciones lineales y directas entre los datos, o que no se siguen las tendencias observadas a nivel provincial. Más allá de estas observaciones, se abre la posibilidad de establecer mediaciones más reflexivas y eficientes al momento de interpretar los indicadores que se desprenden de estas fuentes de información.
Un ejemplo posible de señalar refiere a situaciones donde el porcentaje de ausentismo estudiantil no resulta tan elevado, aunque sí lo son los porcentajes de las y los estudiantes que no aprobaron matemática y prácticas del lenguaje en Nivel Secundario. Detener la mirada en estos casos, permitió indagar yendo en busca de posibles vinculaciones con otras variables. En tal sentido, en algunos casos, cobró mayor relevancia abordar las dificultades pedagógicas a partir de analizar las condiciones climáticas, edilicias, o disponibilidad de transportes, las condiciones socioeconómicas o la gestión escolar.
Ser creativos, metódicos y reflexivos al momento de analizar la realidad, resulta un hecho irrenunciable para quienes tenemos la responsabilidad de gestionar políticas en el campo educativo. Ello implica asumir un compromiso reconociendo que interpretar la información, ya es parte del proceso que genera su transformación. En tal sentido, resulta imprescindible ejercitar la mirada, para detectar condicionantes particulares bajo los cuales se definen los problemas emergentes; cruzar universos (provincia, distrito, institución, estudiantes) con el fin de ubicar lo propio en un marco de referencia ampliado; interconectar fuentes de información (cuantitativa y cualitativa) para que el dato estadístico se enriquezca escuchando la vida cotidiana de las instituciones y de quienes forman parte de ellas; y elaborar intervenciones más situadas que den respuesta y mejoren, no solo los resultados, sino lo que de ello se desprende, es decir, la enseñanza y los aprendizajes de las y los estudiantes bonaerenses. Para nosotros la realidad es más importante que la idea, por lo cual cumplir los objetivos que nos hemos trazado, es más importante que las discusiones teóricas o metodológicas, que muchas veces empañan el rumbo a seguir.
En los últimos cuatro años de gestión, hemos ido incorporando diferentes instrumentos de medición en el marco de las demandas emergentes en materia educativa. En efecto, la rigurosidad en la construcción del dato resulta un imponderable para comprender las problemáticas de una provincia amplia en extensión y heterogénea en su composición. Por ello, es necesario advertir que, si bien medir la realidad no implica construirla, resulta un primer paso para hacerla aprehensible (y posible) al momento de tomar decisiones que permitan mejorar el futuro de las y los estudiantes bonaerenses: conocer para intervenir, intervenir para transformar.
Un primer punto para resaltar es que las fuentes de información digital brindan una gran diversidad de datos que permiten reconstruir la radiografía del sistema educativo bonaerense, en términos de gestión educativa y pedagógica. En la actualidad, en cada uno de los distritos, inspectoras e inspectores y supervisoras y supervisores pueden realizar un seguimiento de los indicadores educativos relevantes del territorio (ausentismo escolar y del personal docente y auxiliar, calificaciones y desempeños educativos, situación docente y seguimiento de la situación diaria de las instituciones educativas, entre otros), así como también, nominalmente, reconstruir trayectorias pedagógicas de cada una y cada uno de las y los estudiantes. A su vez, cabe reconocer que los dispositivos diseñados fueron creados bajo objetivos específicos de gestión, es decir, que el dato y las fuentes mantienen relación directa, en tanto se retroalimentan en el marco del avance de la gestión y de la necesidad de contar con información para otorgar respuestas específicas a las problemáticas emergentes.
Otro aspecto a destacar es que la diversidad de dispositivos digitales mencionados, sumados a la variedad de instrumentos de recolección de datos y multiplicidad de fuentes de información, permiten que el sistema educativo de la provincia de Buenos Aires pueda contar con datos cuantitativos desagregados a nivel geográfico (provincia, región y municipio); institucional (niveles y modalidades) y nominal (recorrido escolar). Sin embargo, no se trata únicamente de poner en valor la disponibilidad del dato sino también de hacer un uso del mismo, transformando las cifras en información válida para comprender las necesidades particulares, asumiendo que el acto de conocer resulta un hecho político. En este punto, reconocemos la corresponsabilidad de quienes tenemos la tarea de educar y garantizar los logros alcanzados por el sujeto de nuestro quehacer: las y los estudiantes.
Por ello, y para evitar que una serie numérica pierda sus sentidos y se convierta en letra muerta, es necesario ejercitar lecturas e interpretaciones que recuperen la utilidad de la información recolectada. Desde este punto de vista, poner en relación escalas micro y macro resulta fundamental para comprender la complejidad del sistema educativo, en tanto el dato-micro, proporciona información detallada, situada y particular y el dato-macro, permite identificar patrones y tendencias de mayor amplitud. En tal sentido, el diálogo entre diferentes niveles de análisis, posibilita reconocer la incidencia que tienen fenómenos de mayor alcance no solo en un territorio, sino también en las instituciones educativas, en el plantel docente y finalmente en la trayectoria educativa de las y los estudiantes.
Un ejemplo de ello, se puede encontrar en el impacto que viene teniendo la caída de la tasa de natalidad en la matrícula del Nivel Inicial, y lentamente, y de manera proyectiva, en el Nivel Primario. Contar con dicha información, permite analizar esta tendencia mundial y regional, compararla con los datos nacionales y provinciales y, a su vez, ponerla en relación con las particularidades propias de cada región y distrito educativo. Acercar esta información a las y los referentes territoriales, y establecer diálogos con los datos propios del sistema educativo de la Provincia, es decir, cantidad de jardines, secciones, matrícula por sala, entre otros, permite que en la actualidad se empiecen a tomar decisiones. A nivel micro, para mejorar la infraestructura y la planta orgánica funcional poniendo en relación la cantidad de docentes y estudiantes y la apertura de nuevas salas; y a nivel macro, impulsando la universalización de la sala de tres y la inclusión de niñas y niños de sala de dos años, en el marco de nuestra convicción de seguir ampliando derechos en materia educativa.
De este modo, cuantificar la información permite advertir tendencias, potencialidades y necesidades en diferentes escalas, haciendo del dato un hecho pedagógico de intervención política que garantice el ejercicio de derechos.
Aprender a mirar la realidad no resulta una tarea fácil, en especial para quienes asumimos el compromiso de buscar transformarla. Por ello la pregunta sobre ¿Qué mirar? ¿Para qué mirar y en especial cómo intervenir cuando lo emergente se formula como problema?, conlleva una serie de elecciones, que no son sólo teóricas y metodológicas, sino especialmente políticas.
Una primera reflexión, permite reconocer que los datos tienen sentido en relación con un contexto específico y con su interpretación. Por sí mismos, son solo hechos o cifras, pero al ser procesados y contextualizados, se convierten en análisis valiosos para tomar decisiones que mejoren la vida de las y los habitantes de nuestra provincia.
En tal sentido, contar con información a gran escala, es decir a nivel provincial, hace posible justipreciar los problemas y ponerlos en la agenda de gestión. Cuantificar en datos la realidad resulta necesario para dimensionar los problemas en superficie, volumen y urgencias, en el marco de los principios irrenunciables que se tiene cuando se busca garantizar el derecho a la educación de las y los bonaerenses. Sin embargo, para hacer efectiva las respuestas en el corto y mediano plazo, es preciso poner en relación los indicadores generales con las expresiones particulares que asumen dichas problemáticas en cada territorio. Conviene, entonces, advertir que ninguna política opera en el vacío, dado que se necesita recuperar las condiciones históricas para hacer una lectura eficiente de la información y ser rigurosos al momento de llevar a cabo nuestras intervenciones.
En este punto, cabe reconocer que no hay datos que expliquen lo real, si antes no asumimos la condición política existente en la construcción de la mirada. Esto implica reflexionar previamente sobre las herramientas con las que contamos para identificar padeceres y desigualdades, donde en ocasiones la sociedad se acostumbra a minimizar o simplificar problemáticas, incluso porque alcanza a sectores reducidos en tamaños y espacios geográficos, pero no en esperanzas. Será cuestión de hacer de “lo macro” el punto de partida, pero no el de llegada; de incorporar a las mediciones científicas otros paradigmas metodológicos más propios, que permitan, como decía Jauretche, mirar la realidad desde “el estaño”,1 asumiendo que lo real en última instancia resulta ser “lo correctivo del dato”.
A su vez, este ejercicio exige construir una mirada crítica que permita desnaturalizar las categorías consideradas “universales” que buscan definir la realidad haciendo entrar la idea que se tiene sobre ella. Por lo tanto, si queremos transformar el dato en acciones concretas y efectivas, porque tenemos la obligación ética, política y pedagógica de igualar en accesos, aprendizajes y resultados, es preciso adherir el análisis, la reflexión y la acción política a la realidad histórica, sin que el método o la teoría se configuren como abstracciones a priori. No habrá transformación posible si los sentidos que otorgamos a la “democracia”, la “libertad”, la “justicia” y la “solidaridad”, no se aferran al suelo que pisamos.
Hemos recorrido más de cinco años de gestión de la política educativa en la provincia de Buenos Aires, siendo los dos primeros los que han estado más estrechamente vinculados a la pandemia de COVID-19. A partir de allí hemos comenzado el camino de la reconstrucción como bien lo ha señalado el gobernador en más de una oportunidad. Esta reconstrucción significó:
Todas estas dimensiones se inscriben como el paso previo a lo que denominamos la etapa de la transformación. Creemos imprescindible los cambios mencionados para poder implicarnos en la tarea de hacer a nuestro sistema educativo más justo, más solidario, más eficiente y con mejores resultados. Aquí radica la importancia del dato y de su seguimiento, su corrección y su problematización. Hay sectores que ponderan el dato con el solo objetivo de señalar que siempre estamos en el mismo lugar y que de ninguna manera se justifica la inversión y el fortalecimiento de la educación pública y el valor del Estado.
Estos años de gestión de la política educativa bonaerense han estado caracterizados por la estabilidad, la baja conflictividad y el pleno desarrollo de todos los espacios de diálogo y concertación. Son una condición necesaria para profundizar la transformación de la que nos sentimos parte.
La política establece rumbos, grandes lineamientos y procesos que apuestan al tiempo y al trabajo para la materialización de sus propósitos. Perseguimos con tenacidad el logro de los buenos resultados que nos permitan seguir transmitiendo con claridad, que el único camino para alcanzar una educación pública de calidad, con más días de clase y buenos resultados, es el camino de la inversión estatal y el trabajo profesional y comprometido de todos los actores de nuestro complejo sistema educativo.
1 El estaño como método de conocimiento reivindica el valor de la propia experiencia práctica, individual y colectiva, como fundamento cognitivo. Hace referencia al estaño que recubría los mostradores de los bares, donde los parroquianos se “acodaban” a conversar.
Anales de la Educación Común, 2025, Volumen 6, N° 1-2 | P. Urquiza |
El dato como hecho político, el resultado como dato de gestión | pp. 9 a 16